Como ya adelantaba en el capítulo anterior...
¿Qué gremio faltaba por tener su minuto de gloria en ésta, nuestra saga interminable? Pues efectivamente: los carpinteros.
Antes de nada, me gustaría señalar que en general soy buena gente. Le echo paciencia a las cosas e intento no perder los papeles en la mayoría de los casos. Otra cosa es que ya me vengan buscando las cosquillas desde el minuto cero. Entonces, pues bueno, podría decirse que mi cerebro cortocircuita y tenemos un caso de Dra. Jekill y Mrs. Hyde (and run for your life).
Hecho ese apunte, retomo el hilo principal del capítulo del día. Mis carpinteros. Esos maestros de la madera. Esos seres que con una gubia y una sierra pueden hacer que tus ideas se conviertan en realidad o que tus pesadillas cobren vida. ¿Alguien se anima a apostar por alguna de las dos opciones?
El caso es que hace unos meses este mismo equipo de dos nos puso el suelo. La verdad es que fue visto y no visto. En dos, tres días nos habían puesto un suelo nuevo. Estábamos alucinando.
Meses después:
Mugrosi: - Oye, ¿qué le pasa a la puerta? No abre
Lija-Man: - Ni idea. ¿Se habrá caído algo delante?
Abrimos la puerta y la primera impresión que tenemos es la de que el cartón que tenemos cubriendo el suelo se ha abombado a causa de la humedad de la pintura. Mirando más antentamente nos percatamos de que lo que se ha abombado no es el cartón si no el suelo. La junta de dilatación se había quedado corta con lo que el suelo se había levantado. ¡Que no cunda el pánico! Al día siguiente vienen a poner la puerta de la calle, lo solucionan y listo.
Día siguiente: Aunque es lunes tengo el día libre, así que ni corta ni perezosa voy a ver cómo va el proceso de montaje de la puerta y si les ha quedado claro las zonas del suelo que hay que arreglar.
El caso es que hace unos meses este mismo equipo de dos nos puso el suelo. La verdad es que fue visto y no visto. En dos, tres días nos habían puesto un suelo nuevo. Estábamos alucinando.
Meses después:
Mugrosi: - Oye, ¿qué le pasa a la puerta? No abre
Lija-Man: - Ni idea. ¿Se habrá caído algo delante?
Abrimos la puerta y la primera impresión que tenemos es la de que el cartón que tenemos cubriendo el suelo se ha abombado a causa de la humedad de la pintura. Mirando más antentamente nos percatamos de que lo que se ha abombado no es el cartón si no el suelo. La junta de dilatación se había quedado corta con lo que el suelo se había levantado. ¡Que no cunda el pánico! Al día siguiente vienen a poner la puerta de la calle, lo solucionan y listo.
Día siguiente: Aunque es lunes tengo el día libre, así que ni corta ni perezosa voy a ver cómo va el proceso de montaje de la puerta y si les ha quedado claro las zonas del suelo que hay que arreglar.
Tras andar varias horas friendo a preguntas a los carpinteros sobre el montaje de la puerta de la calle me pregunta uno de ellos, como quien no quiere la cosa - Oye, ¿tú no te vas a casa a comer?- ¡¿Será descarado el tío?! ¡¿Acaso está sugiriendo que me vaya un poco a tomar por saco?! Pues yo, como fiel seguidora de Verano Azul en casi todas sus emisiones decidí que de mi casa no me moverán, con lo que les estuve haciendo compañía un buen rato más mientras me dedicaba a sacar fotos del montaje de la puerta. Finalmente me fuí a casa a comer, aunque, al más puro estilo de Terminator les avisé con un - ¡Volveré!
Bien, pues varias semanas después vuelven nuestros especialistas en madera para montar la cocina. ¡Siiiii, bieeeeeeen! ¡Tenemos cocina! Pero, como todo en esta casa, el asunto no quedó bien asentado a la primera.
Mi compañero de fatigas había hecho acopio de un tubo para la campana extractora de aire. Para que no hubiera ninguna confusión, tras dejar el suelo de lo que sería la cocina limpito (remítome al capítulo XXIV), dejamos el mencionado tubo bien a la vista, apoyado contra la pared en la que en un futuro iría la campana. También, antes de irse, nuetro nuevo super héroe de moda Lija-Man les indica que la altura de la cocina debía ser de entre 90 a 91 cms de altura. Lo que fuera, pero dentro de ese rango. Señoras y Señores. Hagan sus apuestas. ¿A qué altura tenemos cortada la cocina?
A continuación, unos minutos musicales para meditar la respuesta:
Y ahora, la respuesta al misterio: ¡89 cms¡ ¡Cortaron a 89 cms! Tras decirles directamente que entre 90 y 91, que menos no. Tras apuntarselo en un papel. Tras hacer marcas en la pared y anotar la altura en la blanca pared. ¡A 89 cms! Pero es que el cúmulo de desdichas no acaba ahí. ¿Para qué? Al día siguiente volvemos y ¿qué nos encontramos? Que el tubo que les habíamos dejado bien a la vista lo había obviado y que en cambio habían puesto otro flexible que no encajaba con lo que nosotros necesitábamos. ¡Si Señor! Con un par. Llamamos a Pin y Pon y con total seriedad nos dicen que la cocina ya estaba montada y que ya no se puede bajar para cambiar el tubo.
El asunto queda así durante una semana, aproximadamente. Nos armamos de paciencia y meditamos al respecto, consultámos el oráculo y hasta hicimos una búsqueda de respuestas con ayuda de un zahorí. (Un apunte que considero de gran relevancia en la Mugroso's Co. S.A. un requisito ineludible es que seas cabezota a más no poder. No en vano, las dos criaturillas que formanos el dúo artístico somos Tauros.) Y finalmente decidimos que esa cocina debía ser desmontada para poner el tubo que le correspondía. Ahora había que buscar la manera de plantearselo a Gepetto y Cía.
Aproximandamente una semana después yo tenía mi primer día de vacaciones de este año. ¿Qué mejor manera de celebrarlo que pegandome un madrugón para quedar con los de la compañía del gas para que le pusieran una pegata a mi caldera para tenerla más tuneada? Lo sé, lo sé, no hay un plan mejor para un primer día de vacaciones ni de lejos.
Total, que tras concertar la cita, me encamino a lo que será mi futura residencia. Y al intentar entrar me encuentro con que hay una llave ya en la cerradura, con lo que no puedo abrir la puerta. Habían venido los maestros del serrucho a montar las puertas a medida que habíamos encargado. Como no hay muchas habitaciones consideramos que hacer un esfuerzo con las 4 puertas que hay no era una mala idea.
Según entro por la puerta me suelta uno de los magos de la gubia - La cocina... eso ya no se baja, ¿eh? - (Para qué desearme unos buenos días. Ser agradable está sobrevaloradíiiiisimo. No, no. Mejor entrar a machete urgando en la herida mientras aún tengo el desayuno en el gaznate. ) Y a continuación me explica con todo lujo de detalles todas las cosas que habría que desmontar y lo mal que les vendría, y que además, tal y como está, queda de lo más resultón.
Reacción de la que suscribe: sacar el móvil y llamar a mi compañero de fatigas (pero de las grandes):
M: Oye, que por aquí dicen que la cocina esta no se baja...
L-M: Eso lo tienen que bajar porque así no se puede quedar el tubo. No hay manera de cambiarlo que no sea desmontando la cocina porque el ácido desoxiribonucleico en conjunción con la galaxia de Andrómeda aplicado a la física cuántica que plantea que la teoría de cuerdas y los desarrolladores del teorema de Arquímedes van a llamar a Harry Potter y...
M: Vale, vale. Les comento que hay que bajar eso.
L-M: Ya le voy a llamar yo también al jefe a que les ponga un poco en claro lo que queremos.
Les vuelvo a comentar que ese tubo no es el que queremos para nuestra campana succionadora de almas y me vuelven a soltar el discursito que, sospecho, traían preparado de casa porque se parecía demasiado al que ya me habían soltado previamente.
Mientras tanto, sigo paseandome por mis dominios cuando me encuentro con que una de mis puertas HECHAS A MEDIDA, no abre todo lo que debería. Repito, por si no ha quedado claro. Una de mis puertas HECHAS A MEDIDA, no abre todo lo que debería.
Muestra de la puerta y su escaso recorrido:
Muestra de la puerta y su escaso recorrido:
Muy finamente le pregunto a uno de los artistas del formón:
- ¿Esta puerta no abre más porque el rodapié (que dicho sea de paso también habían puesto ellos) está un poco suelto?
- No. La puerta es demasiado ancha y no da. Eso ya se queda así.
"¿¿Eso ya se queda así??" Resonaba en mi cabeza. Con esta última frasecita en mi cabeza tuvo lugar el cortocircuito del que os he hablado al comienzo de esta larga historia, y ahí ya se me acabó el buen rollo. Me empecé a poner azul, los ojos se me pusieron rojos, y me crecieron los colmillos.
Os muestro un selfie que me saqué en el momento:
Os muestro un selfie que me saqué en el momento:
- ¡Esa puerta está medida y requetemedida para que encajara perfectamente. Hemos pedido unas puertas a medida precisamente porque el tamaño no es standard. Si tu y tu jefe no os comunicáis no es problema mío!
Media vuelta y salí de mi casa. Como ya iba calentita me fui al cuarto piso (mi casa es un segundo) a montarles el pollo a los albañiles del cuarto piso porque habían echado escombros en mi terraza, y ahí no se había personado nadie para limpiar ese desaguisado. Primero hablé con el electricista que fue quien me abrió la puerta. Me dijo que no era cosa suya. Seguido hablé con el albañil que se ve que era el que más tiempo llevaba allí. Me dijo que no era cosa suya, que era cosa del fontanero. A continuación llamé a la decoradora que es la que lleva los gremios y le hice saber que avisara a su fontanero de que en el segundo piso tenía tarea pendiente. Aún estamos intentando sincronizar nuestras agendas para que pase por recepción para quitar los pegotazos de cemento que nos ha dejado en herencia.
Entre medias me llama el del gas. ¡Ah coño! Con lo entretenida que estaba siendo la mañana, ya se me había olvidado la razón principal de que yo acudiera a mi casa. Llega el del gas, le abro la puerta al del gas. Y se ve que aún no había vuelto el color de mi piel normal ni mis colmillos a su tamaño habitual porque, suave suave, miró lo que tenía que mirar en la caldera, en los tubos y en los grifos y suave suave puso la pegatina del millón que certificaba que mi caldera nueva es nueva y se puede utilizar. Mientras tanto el dúo del serrucho reciben una llamada de su jefe: tienen que desmontar la cocina y cambiar la puerta que no abría todo lo que debía. Desde luego, puedo garantizar que no era la más popular de mi casa ni de lejos.
Tres días después vuelven, bajan los armarios de la cocina, ponen el tubo que corresponde, vuelven a poner los muebles. Cambian la puerta y para terminar de hacerlo bien la dejan 3 cms más pequeña de lo que hacía falta. Manchan mi pared recién pintada y se marchan. Eso si; ahora mi puerta abre hasta atrás y el tubo de la cocina es el que corresponde.
P.D. Mi agenda y la de los obreros del 4º han sido sincronizadas y me han dejado la terraza limpia como una patena.

Deseando me hallo de hacer obras en mi casa... cuando la tenga... :o . Qué envidia me das, cacho furci XDDDD
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