Bueno, está visto que en el momento en el que me paso por aquí se produce un "avance" que ayuda a llegar a término en nuestra misión cuasivital. Así que, tras casi medio año (y sin casi también) desaparecida en combate y varios borradores que al final se quedaron sin publicar, vamos a actualizar el informe de avances del Escorial.
Comentaba en la última entrada lo bonitos que eran mi sofá y mi encimera y lo bien puestos que estaban, y que hasta incluso de vez en cuando nos poníamos manos a la obra e intentábamos eliminar alguna tarea pendiente de nuestra lista. Bueno, pues la semana siguiente a la última publicación aconteció lo que voy a narrar en las siguientes líneas.
Como ya he mencionado con anterioridad, hemos tenido problemas con casi todos los gremios (aún tengo la esperanza de que nos haya quedado alguno con el que no hayamos tenido movida, pero casi que paso de analizarlo detenidamente). El caso es que el último problema vino con el electricista. En un principio fue de lo más solícito, pero a medida que nosotros avanzábamos él se quedó atrás, con lo que, con posterioridad, nos ha dejado una instalación a medio hacer. Toda una sorpresa, vamos.
Varios fines de semana nos hemos dedicado a plantearnos como desfacer el entuerto que ahí nos dejó. Porque lo que ahí había era un mokordo pero de los gordos. A la hora de ir a pasar cables necesarios para la vida moderna, nos hemos topado con que los tubos que tienen su sitio en las paredes no tienen espacio suficiente para pasar todo el cablerío necesario. Somos unos exquisitos por querer luz en las habitaciones además de algún enchufe por si tenemos algo que funcione con electricidad. Lo dicho, unos sibaritas pero de los grandes. Y bueno, tras varios días de darle vueltas al asunto finalmente llegamos a la conclusión a la que no queríamos llegar pero que veíamos desde un primer momento que era la única posibilidad existente: realizar rozas en paredes que ya estaban operativas al 100%. Vamos que ya tenían su capa de imprimación y su pinturita dadas, además de haber sido "empladuradas" previamente. Una alegría pa'l cuerpo que no veas. ¿Y para qué realizar rozas? Pues para pasar más tubo corrugado por donde van los cables.
Una vez asumido que no nos quedaban más narices que realizar la roza la siguiente pregunta era, ¿dónde? Vale, en realidad ésa era fácil porque desde el minuto cero la única opción válida era por donde iba el rodapié. Aunque hemos desarrollado una técnica asombrosa con las tareas de bricolaje aún no hemos alcanzado la perfección, así que teníamos que tapar nuestros destrozos de alguna manera.
Bueno, pues manos a la obra. A destrozar la pared:
En la imagen podemos apreciar los primeros minutos de destrucción del pladur.
En este nuevo documento se aprecia al detalle el comienzo de la roza además de la extracción de la espuma aislante.
Primer plano de la roza ya finalizada. Señalar que el cristo que se montó no tiene nada que ver con lo que aparece en la imagen donde se ha barrido todo el escombro, aislante y cola de contacto.
Vista aérea de la roza
Filigranas varias necesarias para la completa operatividad de la instalación.
Tareas de restauración posteriores.
¡Jo que rápido así! Lo que aquí ha llevado unas cuantas fotos a nosotros nos ha llevado un fin de semana de tiempo además de 10 años en salud.
Aún nos faltaría enlucir en mayor o menor medida ese yeso para que el rodapié se pegue perfectamente.
Pero claro, ésto no podía ser tan fácil. Una vez adquiridos los conocimientos hay que reutilizarlos de nuevo, ¿y qué mejor manera que la de realizando una nueva roza en otra habitación? Si señores, nos queda como mínimo otra sesión de "destroza tus paredes pintadas". Nuestros vecinos nos aman (lo han dejado claro en diferentes ocasiones: cuando se meten corriendo en el ascensor haciendo que no te han visto, cuando les echamos la bronca porque tiran cosas a donde no deben...), pero tras una nueva sesión de perforación de pared, nos van a querer aún más, dado que deberá ser realizada en fin de semana, preferiblemente a la hora de la siesta.
Por lo demás: gracias señor electricista. Me acuerdo de usted con mucha frecuencia. Solo tengo que levantar la mirada al cielo y encontrarme con mi techo plagado de tubos corrugados a los cuales les faltan los focos porque los cables que se han pasado se pierden en un agujero de gusano espacial.
