sábado, 29 de junio de 2013

De Festi

Me he ido de festi.

Me gusta ir de festi. Es divertido ir de festi...

Y he sobrevivido al festi.

Es algo que he hecho con cierta frecuencia los últimos años, y bueno, como bien dice el refranero... la esperiencia es un grado... y si fuera hace calor... pues, son muchos grados, y más cuando estás en una tienda de campaña que tiene la capacidad de convertirse en un elemento de cocción al vapor para todo lo que habita ahí dentro. Da igual que sean humanos, insectos o seres inanimados. La verdad es que podríamos sacar años de ventaja en el desarrollo de tecnicas de sauna a los finlandeses tan solo con montar una tienda de campaña... Dos minutos de montaje (o dos segundos en caso de que tengas una tienda de cierta marca deportiva muy conocida que por supuesto no me paga por hacerle promoción) y un poco de sol. Esperas unos minutitos y se alcanzan temperaturas no aptas para la supervivencia con solo cerrar las entradas.

Lo mejor de ir de festival "veraniego" es que tienes el buen tiempo garantizad... ¡jaaaaaaaaaaaaaaaaaa garantizado! Aún recuerdo como llovía el año pasado al norte de Alemania... ¡qué manera de diluviar! ¡y qué gran barrizal! Las botas de goma son y serán tu mejor compra por décadas. Da igual que sean bonitas o feas, que tengan el interior acolchado o no... simplemente quieres conseguir llegar a casa con las piernas enteras.

También me resultan entrañables los cantos nocturnos de la gente. Yo he optado por llevarme tapones para las orejas. No aíslan por completo, pero sí sirven de cierta ayuda. En este festival en concreto tuvo lugar un suceso de lo más curioso. Tenemos la teoría de que cuanto peor cante la gente, más posibilidades tendremos de escuchar a esa persona o personas dando lo mejor de sí mismos a lo largo del festival. Si además puede acompañarlo por algún elemento, bien sea altavoz, bien sea ukelele desafinado mucho mejor. Pero en esta ocasión uno de los días una de las personas con las que asistí, tuvo la oportunidad de escuchar a una chica que no solo cantaba bien, si no que además llevaba una guitarra y estaba afinada. En las noches siguientes estuvimos atentas a ver si volvía a producirse ese extraño episodio. No, no volvió a ocurrir. Nuestras conjeturas nos han llevado a pensar que la eliminaron del mapa por no cumplir con los requisitos de desafine y falta de talento.

Otro de los puntos fuertes son el despliegue higienizante del que disponen los organizadores para aquellos que, incautos de nosotros, nos adentramos en el recinto donde tendrá lugar el evento. Punto uno: baños. Mejor lo obviamos. Diremos simplemente que ahí hay mucha gente y que todos tenemos necesidades a lo largo del día y que el primer día de estancia ya suelen dar terror. Punto dos: duchas. ¿Cuál es la extraña razón que les lleva a pensar que 20 duchas son suficientes para 40.000 personas? Vale que en esos días las normas de higiene habituales se vuelvan más laxas, y que haya gente que tenga la tendencia a escaquearse. Pongamos que esos vienen a ser un 50% de los asistentes. Aún nos quedan otros 20.000. ¿Cuantas horas de cola se supone que hay que hacer hasta que finalmente te toca una ducha libre? Por supuesto de agua fría, no vayamos a pensar...

 Esto nos lleva a uno de los puntos, desde mi punto de vista, más sobrecogedor y espeluznante del concierto. Expongo la situación: Has conseguido realizar las abluciones pertinentes. Recoges lo necesario de la tienda y te encaminas a disfrutar del concierto de tu grupo favorito, o no tan favorito, al final, para mí, las bandas son casi siempre lo de menos. Una vez en el gentío (cuanto más te gusta el grupo más te adentras en él), viene el momento del terror supremo: el cantante en un alarde de empatía con su público dice...: "¡Venga esas manos arriba!" Y entonces es cuando compruebas por qué solo hay 20 duchas.

Realmente no son necesarias más.




jueves, 13 de junio de 2013

¿Qué le pasa al cielo?

Nuestro cielo, de toda la vida es gris, en todas sus variantes, pero gris: gris humo, gris ceniza, gris difuminado, gris oscuro, gris nublado, gris menudatormentazaque va a caer... 

Pero ayer estaba azul. No sabíamos qué era lo que pasaba pero salías a la calle y una claridad inaudita te rodeaba haciendo poner cara de comer limones en el caso de que ubieras dejado las gafas oscuras en casa. Todos o casi todos tenemos de esas gafas. Las utilizamos para un montón de cosas: hacernos los interesantes, esconder las ojeras, dormir en el transporte público sin dar mucho la nota o para mirar a hurtadillas mientras hacemos que miramos para otro lado. Pero ayer, si las llevabas en el bolso, además de darles todos esos usos habituales, servían para que no te dolieran los ojos.

Previsora de mí, yo las llevaba conmigo, así que en cuanto salí a la calle me las puse, y de camino al tren tenía la sensación de que me dejaba en casa algo importante. Comprobé que no llevaba las zapatillas de andar por casa, que la cremallera del pantalón estaba subida y que no llevaba la parte de arriba del pijama. Todo en orden. 

Hice el viaje y llegué al destino. Una vez en el destino recogí mis cosas y salí del tren. De nuevo esa sensación me invadía. Algo se me olvidaba. Miré a mi alrededor y todo estaba en orden, no dejaba nada tras de mí.

Había quedado con unos compañeros, así que tranquilamente y paseando fuí hasta donde habíamos propuesto encontrarnos. De nuevo la sensación de olvidarme algo. Iba caminando y a medida que avanzaba esa impresión me acompañaba.

Tras una agradable reunión decidimos cambiar la ubicación y nos fuimos paseando hasta un parque cercano. Allí estuvimos charlando un rato y puesto que yo había quedado posteriormente me marché. Si; ahí seguía esa sensación. Algo se me olvidaba y por mucho que le dijera a mi cabeza "hasta ahora no has echado en falta nada, así que tan importante no será", no había forma de quedarme tranquila.

Tenía un par de recados que hacer, así que nos fuimos juntas, mi sensación de olvido y yo hasta el nuevo punto de encuentro. Mi novio esperaba mi llegada y de ahí fuimos a realizar las tareas que habíamos organizado para esa tarde y después tuvo el detalle de acercarme a casa en coche. 

Fue allí, justo delante de mi portal y al bajar del coche cuando por fin me di cuenta de cuál era la razón por la que llevaba todo el día con la sensación de olvido:

No había necesitado llevar paraguas y tenía las dos manos libres.


Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...