viernes, 21 de septiembre de 2018

Viajando en Bus


Me piro de viaje. De hecho me estoy pirando de viaje. Ahora mismito voy en el bus. Aquí, sentadita como una señora. Dándole a la tecla, porque, gentes lectoras, en el bus que me transporta, los asientos tienen una bandeja maravillosa donde me puedo poner a redactar con total comodidad.

Además, hay wifi.

Además, como va poco lleno tengo mis pertenencias en el asiento de al lado e incluso me han animado a que me ponga en un sitio donde poder reclinar el asiento más cómodamente.

He viajado mil veces en bus. Recorridos largos, cortos, medianos… para todos los gustos, oiga y aunque siempre ha resultado ser una opción de lo más resolutiva, el trayecto perdía su importancia en pro del destino. Siempre ha sido la última opción a la hora de desplazarme, en beneficio de otros medios de transporte, bien sea avión, tren o incluso coche particular.

Pues hoy no. El bus en el que viajo es algo más caro que otros que hacen el mismo trayecto, pero desde el minuto cero la experiencia está resultando ser de lo más satisfactoria y placentera. De hecho me atrevería a afirmar que me he sentido hasta querida. Se han hecho cargo de mi equipaje y me han dado las indicaciones pertinentes para que mi confort sea lo primero. En los 20 minutos que llevo de trayecto ya me han ofrecido auriculares y caramelos. Mi asiento es cómodo de narices y, aquí viene un pro y muy gord: me entran las rodillas incluso con el asiento que está delante reclinado.

Y os preguntaréis, ¿cuál es el motivo de esta disertación sobre las bondades de este autobús? Pues bien: resulta que antes de decidirme por desplazarme de este modo opté por mirar las opciones anteriormente mencionadas. La primera resultó ser el avión. Seguidamente opté por el tren. Finalmente barajé la opción del coche. Por último el bus.

Volvamos a la primera; el avión: rápido, cómodo, eficaz… además, en principio el viaje venía a ser incluso más barato. Ni corta ni perezosa me puse a gestionar mi pasaje. Datos por aquí, datos por allá, vamos a pagar… ¡tocotó! Resulta que el precio que venía indicado inicialmente se había alterado por obra y gracia del espíritu del dios de los aviones así, porque si, sin despeinarse ni ná.

Ante mi cara atónita me paré a pensar:

No solo nos cobran lo que les sale de las narices, porque nunca jamás de la vida he pagado lo mismo que pone en el precio inicial, si no que además nos vacilan en nuestra jeta. No sé cómo serán las experiencias del resto, pero en mi caso, viajar en avión se convierte en un stress gratuito que no debería ir asociado con un viaje que se hace por placer. Hay que estar hora y pico o dos horas antes de que salga tu vuelo, eso si es puntual, claro. Siempre tengo la sensación que llevo algo que me van a quitar en el aeropuerto. Te hacen sentirte como un terrorista internacional cuando el arco pita tras haber dejado en la bandeja todo el metal que llevas encima (qué difícil lo tenemos aquellos que llevamos el metal dentro del alma para no pitar 😝😝). Se me atacan los nervios ante la posibilidad de que me haya equivocado a la hora de hacer el check-in y que finalmente no vaya a poder viajar. Depende quien te toque en la cola de facturación podrás llevar unas cosas o no… dos ejemplos: ejemplo 1. Hace unos años viajamos con una guitarra. Llamamos al aeropuerto para asegurarnos de que no había ningún problema. Nos confirmaron que efectivamente, no había ningún problema. Nos guardan la guitarra en un armario que hay en cabina. Llegamos a nuestro destino. Todos felices y contentos. Volvemos a viajar con una guitarra. Damos por hecho que si una vez nos han permitido viajar con una guitarra no tiene por qué variar la normativa. Llegamos al aeropuerto. La “amable” azafata nos indica que la guitarra debe pagar un billete extra. Curiosamente es un vuelo entre semana a medio día y que no está muy lleno. La guitarra debe viajar. La guitarra paga un billete. La guitarra se sienta en su asiento y se pone su cinturón y atiende diligentemente a las explicaciones para casos de emergencia. A la guitarra no le ofrecen un vasito de agua. Me indigno totalmente.

Ejemplo 2: hace unas semanas viene de visita una amiga con su hija. La niña es pequeña pero no tanto como para ir en sillita. Traen una bici pequeña para que no se fatigue tanto. Llegan al aeropuerto, facturan las maletas pertinentes, la bici viaja en el armario en cabina. Mi amiga vuelve a casa. Van al aeropuerto, facturan las maletas pertinentes, la bici se queda en el aeropuerto porque le han dicho que tiene que pagar el triple de lo que ha costado la bici. Las dos viajeras llegan a su destino y exponen su caso a la compañía. Los de la propia compañía alucinan.

Tras estos dos ejemplos y más situaciones surrealistas de ese pelo llego a la conclusión de que desde el momento en el que llegas a un aeropuerto como cliente te tratan como a ganado en su camino al matadero. Casi parece que no tengas derecho a nada y todo depende del humor con el que esté la azafata de turno. Lo mismo va todo rodado y viajas sin incidentes que algo se cruza y te quieres echar a rodar tú en el suelo y hacerte una bolita.

La opción dos que he mencionado quedó descartada rápidamente por incompatibilidad de horarios. La poca frecuencia no facilita que sea una opción viable.

En cuanto a la opción tres. Ésta se divide en dos. El coche particular, y luego un coche particular ajeno: la primera subopción, la del coche particular propio, quizá para otros destinos no sea una mala alternativa. Te pillas el coche y te plantificas en cualquier lugar marcando tú el ritmo del viaje. Pero el destino de hoy no lo hacía factible. Meterte en una ciudad grande implica demasiado tráfico y luego aparca… la subopción del coche particular ajeno… es aún un mundo por explorar por mí, pero, en estos momentos no me encuentro muy social y entre tener que darle palique a un desconocido o ponerme los auriculares e ir a mi bola total…

Y así llegamos a la última opción: el bus. Como ya he mencionado con anterioridad, es un medio que hasta la fecha me ha resultado útil pero sin ser memorable. Por horario se adaptaba bien a lo que necesitaba y en su web no me estaban amenazando cada dos minutos de que solo quedaba un billete en ese horario, cómprelo o arrepientase por siempre jamás.

Aaaaamigo, hasta hoy. Voy encantada de la vida en mi asiento acolchado y envolvente, con espacio de sobra y con una amable asistente a la que puedo recurrir en caso de necesitar algo.
Desde luego, a mí me han convencido y tengo claro que en el futuro, cuando tenga que hacer este trayecto y otros similares cuentan con mi billete si o si.

Y termino, que ahora viene la asistente con el cáterin. ¡Creo que voy a llorar de la emoción! Yo soy así de impresionable 😊😊

Post Scriptum:

Adjunto foto de la cena sin añadir agua y café posterior.


Y ahora, tras llenar la panza vamos a por la siesta 😊😊

jueves, 1 de marzo de 2018

Escape. Survive. Part Two.

Nos habíamos quedado en que habíamos llegado a Oña sin ningún incidente ni percance. 

Y si, aunque el evento tenía lugar el Frías, nuestro centro de operaciones (lease, hotel), estaba en la muy leal y valerosa villa de Oña.

Gracias al GPS llegamos a la primera, pero nuestro jeto fue todo un poema según entramos en el primer bar que se nos puso a tiro. Y nunca mejor dicho. Un bar de cazadores de los de toda la vida. Con sus fotos de trofeos, y sus jabalises abatidos... De hecho llegamos a la conclusión de que por la zona no quedaría ni uno, porque tenían un par de fotos de lo más reveladoras. Muy auténtico todo. Total, que allí desayunamos y por supuesto, esta gente curtida y dura nos proporcionó el combustible necesario para enfrentarnos a la fría mañana: un café/cola-cao en vasazo además de un sobao de esos que lo untas y te encuentras con el vaso vacío.

A lo que vamos. No conocemos la zona, así que más que animados, incluso con esas condiciones tan adversas (ese desayuno nos ha puesto las pilas a todos), nos vamos de exploración.

- ¡Ohhhh, qué bonita la nieve!
- ¡Uyyy! ¡Qué fresquete, ¿no?!
- ¡Ah, pues yo voy fenomenal! De hecho si me hubieran dicho que nos íbamos de expedición a la Antártida no iría mejor preparada!

Documentación gráfica adjunta:


Intrépidas y arrojadas peregrinas enfrentándose a gélidas temperaturas árticas. Mentira, es Burgos; parecido.

Total, que ¡nos vamos a la nieveeeeeee!

Y así, sin quererlo aterrizamos en Poza de la Sal. ¿Qué tiene de especial este pueblito? Pues que además de estar muy chulo y ser de lo más visitable, es el lugar de nacimiento de Félix Rodríguez de la Fuente. Así que:

- ¡¡A tope con la naturaleza!!
- ¡Aquí hemos venido a ser expedicionarios polares!
- ¡Subimos al castillo!
- ¡Siiiii!
- ¡Oeeeeee!
- ¿En coche?
- Si, vale, va a ser lo mejor...

Y así fue como los cinco aventureros se encaminaron (en coche) hasta la cima de la montaña nevada donde había un castillo la mar de apañao.

Documentación gráfica adjunta, otra vez:


Expedicionarios estudiando la mejor manera de encarar la cima. Cada uno a su bola, en nuestra línea.

Llegamos al lugar indicado: había un parking con nieve hasta las rodillas, así que tras varios intentos y sin ganas de tener que empujar el coche a la vuelta porque se hubiera hundido demasiado en la nieve lo dejamos más o menos aparcado. Había demasiadas ganas de salir a destrozar la prístina y perfecta capa de nieve que teníamos frente a nuestras narices. Así que, sin más dilación salimos del coche y... ¡¡esto es la guerraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!

Bien, una vez bien rebozados en nieve nos encaminamos hacia el castillo: sube la cuesta, baja la cuesta, foto por aquí, bolazo por allá...

Y nos acercamos al desenlace de la trama: por fin habíamos fijado el objetivo de subir a ver qué maravillas nos mostraba el edificio cuando oímos a lo lejos una llamada de la selva:

- Cocheeeeeeeee [cocheeeee, cocheeeeeeee, cocheeeeeee (eso es el eco, que no tengo claro que sonara, pero me parece que le da un toque mucho más épico a la situación)].

Nos miramos los unos a los otros con cara de:

Y nuestro driver dice:

- Voy a acercarme a ver qué ha pasado.

Reconozco que en un momento me presenté voluntaria para acompañarle, pero en el momento en el que vi el paso-gacela que había adoptado me bajé del plan más rápido aún.

Mientras tanto, el resto de la expedición seguimos progresando en nuestra subida y seguimos con la dinámica establecida: hacer el canelo, hacer fotos y en esos momentos, esperar a la vuelta del quinto elemento.

A su llegada nos cuenta que, al parecer se había encontrado el coche cruzado en mitad de la carretera. Me gustaría señalar que la carretera era una comarcal de "doble sentido de circulación" la cual a un lado tenía el monte, y al otro la "barranca" (léase con acento yankee). El calor del motor había derretido parte de la nieve donde habíamos aparcado y el coche se había deslizado hasta allí. El señor que venía por la carretera se había encontrado el coche ahí y claro, había intentado "orillarlo". Por si acaso, dejó claro que él no lo había puesto ahí. Que no se diga que no desayunan bien por esas latitudes. 😆😆😆. Así que hubo que ponerle unos topes a las ruedas para que no volviera a deslizarse el coche, básicamente porque de suceder, podría caer barranco abajo y nunca más se supo.

Atención a nuestras reacciones:

A continuación veremos una recreación más o menos exacta de lo sucedido.



Y ahora es cuando nuestra Pelirosi (gran aventurera de múltiples blogs), suelta la Joya de la Corona:

Vamos a ver si nos ponemos en situación:

Acaba de venir nuestro Vegeta-driver personal con los pulmones en la mano diciendo que se ha encontrado su coche, supuestamente bien aparcado, en mitad de una carretera llena de nieve, la cual estaba al lado de un barranco.

Nosotros por otro lado, estamos por ahí de picos pardos, pero en mitad de una montaña, que si, que al lado del pueblo, pero mira: somos gente de ciudad, algunos vamos al gimnasio (tampoco sin agotarnos), pero otros hacemos ejercicio con una app del móvil que te dice que con 8 minutos te va a preparar para hacer una Spartan Race (Hulk tristeeeee). Y otros, directamente pasamos en canoa de hacer más de lo obligatorio. Vamos, que lo de aventurarnos monte a través... ta'complicao. ¡¿Y la Gran Preocupación de nuestra Pelirosi es el pijama?!

Yo en ese momento me estaba pegando con el trípode de la cámara para hacer una foto chula chula en lo alto del castillo con poses despreocupadas pero a la par, con gran entereza y saber estar y mi atención estaba dividida, lo reconozco. Vegeta narrándonos sus peripecias y yo a lo mío; egoísta. Pero unos segundos después de que la gran pregunta quedara en el aire la información llegó a mi cerebro e hizo conexión:




Efectivamente señores. Nosotros casi a punto de ser abandonados en mitad del monte a nuestra suerte con el Yeti correteando por los alrededores y aquí nuestra compañera preocupada por su pijama. Por supuesto, cuando nos explicó que era de Hello Kitty y con tela de esa que es muy calentita, todos comprendimos su grado de preocupación, así que de  manera recurrente venía a nuestras mentes la imagen de una cadena humana agarrada a un árbol un extremo y la otra hurgando con un palito en la cerradura del capó para abrirlo y poder recuperar la maleta con el pijama. El resto ya nos apañaríamos con lo puesto.

Y hasta aquí la parte dos de esta, nuestra aventura por Tierras Burgalesas.



sábado, 17 de febrero de 2018

Escape. Survive. Part One (que en inglish todo suena mucho más épico XD).

I'm still aliiiiiiveeeeeeeee!!

Que si, que soy una dejada, pero eso ya lo sabíamos de antes así que, a lo que vamos, que yo quería contar una anecdotilla simpática y ya de paso dar señales de vida por aquí y eso :D

A ver, vamos a ver. Todo en esta vida no va a ser estar de obras en casa. Que eso no quita para que aún queden cosas pendientes [muuuuuchas cooooosas (léase con voz siniestra y cavernosa, por favor)], pero mira, de vez en cuando hay que salir a ver qué hay más allá de esos muros.

Y esto que voy a narrar a continuación tuvo lugar fuera de esos muros hace no mucho tiempo en una galaxia... vale, ya paro.

El caso es que nos hemos juntado una Destiny Pandi de fans de las salas de escape. Mad People nos denominamos de manera extraoficial (vamos, que ese es el nombre que se nos ocurrió p'al grupo del guatchap) y bueno, a la caza y captura andamos de salas en diferentes puntos geográficos. Yo he llegado la última al clan, pero vamos, esta gente con la que me he juntado se ha hecho la Ruta Norte de Salas de Escape el año pasado. Vamos,  unos frikazos de cuidao 😆😆... digo... ¡Profesionales, unos  profesionales todos! Y bueno, dada mi personalidad de: - ¿Vamos a la mierda?- ¡Vamoooooooooooos!-. (Ésta última sería yo), pues me he adaptado rápidamente a la singularidad del grupo.

Tras estos antecedentes vamos al meollo:

Hace un par de semanas decidimos que nos íbamos un fin de semana en busca de nuevas aventuras y muchas emociones a Frías, nos habían comentado que ahí se organizaba algo gordo y ni cortos ni perezosos preparamos una maleta para adentrarnos en el Burgos profundo en el que habían vaticinado como el peor fin de semana de temporal de nieve. ¡Quién dijo miedo!¿Quieres aventuras?¡Tres tazas tienes!

La idiosincrasia del evento era algo diferente a la que estábamos acostumbrados. Me explico: normalmente reservas una hora y vas. En esta ocasión la cosa era diferente. No teníamos las entradas aseguradas. Teníamos que estar pendientes de que las pusieran a la venta y entonces tendríamos que ir al propio pueblo y allí, buscarse la vida mozos, que aquí el que primero llega se lleva el gato al agua... (nunca he entendido ese dicho...). Eso tampoco nos hizo echarnos atrás. Habíamos puesto la idea, así que... ¡adelante! 

Pues si aún no teníamos pocos factores en contra había que añadir que el día anterior (el evento tenía lugar a lo largo de ese viernes y sábado), el viernes, no se había podido hacer a causa de la nieve. Más gente a la cola. Da igual, vamos sí o sí, ¡que estamos a topeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!

Sábado por la mañana, 9:00 hora zulú (bueno, más bien la que marca el reloj del móvil). Cinco personas emprenden su viaje en pos de un objetivo. Bien abrigaditos, (no todos y mira que me pasé la semana avisando de lo malísisisisisíiiisimo que iba a hacer) y pertrechados ante cualquier adversidad:

-¿Agua?-.
-Agua-.
- ¿Baterías del móvil cargadas?
- Baterías del móvil cargadas
- ¿Golosinas?
- Como para una boda
- Todo en orden. Adelante.

Nunca se sabe cuando se va a cortar la carretera por la nieve y mejor llevar avituallamiento que no tener que recurrir a la antropofagia... aunque en este punto reconozco que yo llevaba mi navaja suiza y que ya teníamos candidato preseleccionado: el vegetariano del grupo. Y por si se rebelaba y no quería sacrificarse para sus compañeros de viaje pudiésemos continuar nuestra pacífica existencia hasta llevábamos un juego de cartas. El que pierde... ¡sacrificio!

Bueno, ¡pues mi gozo en un pozo! Llegamos hasta Oña a la primera, sin necesidad de pararnos a quitar nieve. De hecho, la carretera general estaba en bastante mejor estado que la autopista y la autopista tenía preparados a los camiones quitanieves para cualquier menester. Mi teoría al respecto: tienen a los vecinos soltando sal por las carreteras en plan cesto bajo el brazo y a paseaaaar. ¿Puede haber mejor plan para una madrugada a -6?

Y hasta aquí la primera parte de nuestro periplo burgalés.

Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...