En mi última entrada alardeaba de la adquisición de mi nuevo superpoder, pero había olvidado que... "un gran poder...", y lo que sigue...
El caso es que yo he continuado mi vida de la misma manera anónima que hasta la fecha. No me gusta presumir de ser una super heroína a cada paso que doy, por eso no le dije nada a nadie de mi sartén derretida... ¿o fue al revés? No tengo claro si lo que hice fue esconder el movil, o si me dediqué a enviar fotos de mi gran hazaña vía whatsapp... (Mi super instinto de super heroína me dice que ha sido la segunda opción...). Con el transcurrir de los días llega el nuevo electrodoméstico. Una preciosa vitrocerámica nueva y un horno de lo más molón. Eso si, no tiene reloj y ahora por las mañanas no sé qué hora es mientras ingiero uno de mis maravillosos cola-caos, lo que provoca que deba salir corriendo de casa más días de los que me gustaría.
Pero lo que en realidad me gustaría comentar en esta entrada es la maravillosa labor de los extras de las películas. Normalmente nadie repara en ellos. Ves una película, te quedas con el argumento (si es que éste merece la pena) y cuando se acaba, comentas con el resto de la gente lo bien que lo ha hecho tal y cual actriz o actor, o lo genial de la fotografía de la película... vamos, este tipo de temas trascendentales y filosóficos que todo el mundo tratamos tras ver una peli.
Pues no, hoy rompo una lanza en favor de esa gente que se entrena para saber montar cualquier vehículo, como darse de tortas contra cualquier superficie, o saltar por lugares imposibles. Sé que en muchas ocasiones tienen ayuda de arneses y cables que se convierten en invisibles en el montaje final, pero aún así, no hay que quitarles ningún mérito. Yo siempre he sido fan de esa capacidad para saber caer como gatos. Por eso, esta mañana he decidido emular a estos héroes anónimos.
Volvía a casa en bus, tras haber recibido una magistral clase en mi Escuela de Idiomas. Hoy tenía el día libre, con lo que venía organizando los planes alternativos de la tarde. Para quien quiera saber en qué consistían estos planes, remito a las entradas A y B de este, mi pequeño blog. Últimamente mis planes alternativos, casi siempre tienen que ver con esa temática.
A diez metros de mi parada hay un paso de cebra que tiene un resalto. Vease en la foto, aunque es un poco antigua y no habían puesto aún el resalto.
Dependiendo del humor del conductor puede ser más o menos divertido. Pues bueno, hoy se ve que era uno de esos días divertidos, porque al ir a bajar he decidido imitar a uno de esos héroes de los que he hablado hace unas líneas.
Ha llegado el resalto y para cuando me he querido dar cuenta estaba volando por los aires. He realizado un impresionante momento croqueta por el suelo del autobus y finalmente me he detenido elegante cual tortuga patas arriba. Una vez detenido el autobús se han acercado a ayudarme dos buenas personas que viajaban en el mismo y tras conseguir ponerme en pie, me ha entrado la temblequina y mientras Mr Autobusero Man me preguntaba si quería que llamase a una ambulancia, yo solo era capaz de articular que iba a llamar a mi amatxu para que viniera a buscarme.
Resultado: un esguince en mi pie izquierdo.
Conclusión: caer con elegancia e íntegro es algo que solo unos cuantos elegidos y entrenados logran hacer.