jueves, 1 de marzo de 2018

Escape. Survive. Part Two.

Nos habíamos quedado en que habíamos llegado a Oña sin ningún incidente ni percance. 

Y si, aunque el evento tenía lugar el Frías, nuestro centro de operaciones (lease, hotel), estaba en la muy leal y valerosa villa de Oña.

Gracias al GPS llegamos a la primera, pero nuestro jeto fue todo un poema según entramos en el primer bar que se nos puso a tiro. Y nunca mejor dicho. Un bar de cazadores de los de toda la vida. Con sus fotos de trofeos, y sus jabalises abatidos... De hecho llegamos a la conclusión de que por la zona no quedaría ni uno, porque tenían un par de fotos de lo más reveladoras. Muy auténtico todo. Total, que allí desayunamos y por supuesto, esta gente curtida y dura nos proporcionó el combustible necesario para enfrentarnos a la fría mañana: un café/cola-cao en vasazo además de un sobao de esos que lo untas y te encuentras con el vaso vacío.

A lo que vamos. No conocemos la zona, así que más que animados, incluso con esas condiciones tan adversas (ese desayuno nos ha puesto las pilas a todos), nos vamos de exploración.

- ¡Ohhhh, qué bonita la nieve!
- ¡Uyyy! ¡Qué fresquete, ¿no?!
- ¡Ah, pues yo voy fenomenal! De hecho si me hubieran dicho que nos íbamos de expedición a la Antártida no iría mejor preparada!

Documentación gráfica adjunta:


Intrépidas y arrojadas peregrinas enfrentándose a gélidas temperaturas árticas. Mentira, es Burgos; parecido.

Total, que ¡nos vamos a la nieveeeeeee!

Y así, sin quererlo aterrizamos en Poza de la Sal. ¿Qué tiene de especial este pueblito? Pues que además de estar muy chulo y ser de lo más visitable, es el lugar de nacimiento de Félix Rodríguez de la Fuente. Así que:

- ¡¡A tope con la naturaleza!!
- ¡Aquí hemos venido a ser expedicionarios polares!
- ¡Subimos al castillo!
- ¡Siiiii!
- ¡Oeeeeee!
- ¿En coche?
- Si, vale, va a ser lo mejor...

Y así fue como los cinco aventureros se encaminaron (en coche) hasta la cima de la montaña nevada donde había un castillo la mar de apañao.

Documentación gráfica adjunta, otra vez:


Expedicionarios estudiando la mejor manera de encarar la cima. Cada uno a su bola, en nuestra línea.

Llegamos al lugar indicado: había un parking con nieve hasta las rodillas, así que tras varios intentos y sin ganas de tener que empujar el coche a la vuelta porque se hubiera hundido demasiado en la nieve lo dejamos más o menos aparcado. Había demasiadas ganas de salir a destrozar la prístina y perfecta capa de nieve que teníamos frente a nuestras narices. Así que, sin más dilación salimos del coche y... ¡¡esto es la guerraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!

Bien, una vez bien rebozados en nieve nos encaminamos hacia el castillo: sube la cuesta, baja la cuesta, foto por aquí, bolazo por allá...

Y nos acercamos al desenlace de la trama: por fin habíamos fijado el objetivo de subir a ver qué maravillas nos mostraba el edificio cuando oímos a lo lejos una llamada de la selva:

- Cocheeeeeeeee [cocheeeee, cocheeeeeeee, cocheeeeeee (eso es el eco, que no tengo claro que sonara, pero me parece que le da un toque mucho más épico a la situación)].

Nos miramos los unos a los otros con cara de:

Y nuestro driver dice:

- Voy a acercarme a ver qué ha pasado.

Reconozco que en un momento me presenté voluntaria para acompañarle, pero en el momento en el que vi el paso-gacela que había adoptado me bajé del plan más rápido aún.

Mientras tanto, el resto de la expedición seguimos progresando en nuestra subida y seguimos con la dinámica establecida: hacer el canelo, hacer fotos y en esos momentos, esperar a la vuelta del quinto elemento.

A su llegada nos cuenta que, al parecer se había encontrado el coche cruzado en mitad de la carretera. Me gustaría señalar que la carretera era una comarcal de "doble sentido de circulación" la cual a un lado tenía el monte, y al otro la "barranca" (léase con acento yankee). El calor del motor había derretido parte de la nieve donde habíamos aparcado y el coche se había deslizado hasta allí. El señor que venía por la carretera se había encontrado el coche ahí y claro, había intentado "orillarlo". Por si acaso, dejó claro que él no lo había puesto ahí. Que no se diga que no desayunan bien por esas latitudes. 😆😆😆. Así que hubo que ponerle unos topes a las ruedas para que no volviera a deslizarse el coche, básicamente porque de suceder, podría caer barranco abajo y nunca más se supo.

Atención a nuestras reacciones:

A continuación veremos una recreación más o menos exacta de lo sucedido.



Y ahora es cuando nuestra Pelirosi (gran aventurera de múltiples blogs), suelta la Joya de la Corona:

Vamos a ver si nos ponemos en situación:

Acaba de venir nuestro Vegeta-driver personal con los pulmones en la mano diciendo que se ha encontrado su coche, supuestamente bien aparcado, en mitad de una carretera llena de nieve, la cual estaba al lado de un barranco.

Nosotros por otro lado, estamos por ahí de picos pardos, pero en mitad de una montaña, que si, que al lado del pueblo, pero mira: somos gente de ciudad, algunos vamos al gimnasio (tampoco sin agotarnos), pero otros hacemos ejercicio con una app del móvil que te dice que con 8 minutos te va a preparar para hacer una Spartan Race (Hulk tristeeeee). Y otros, directamente pasamos en canoa de hacer más de lo obligatorio. Vamos, que lo de aventurarnos monte a través... ta'complicao. ¡¿Y la Gran Preocupación de nuestra Pelirosi es el pijama?!

Yo en ese momento me estaba pegando con el trípode de la cámara para hacer una foto chula chula en lo alto del castillo con poses despreocupadas pero a la par, con gran entereza y saber estar y mi atención estaba dividida, lo reconozco. Vegeta narrándonos sus peripecias y yo a lo mío; egoísta. Pero unos segundos después de que la gran pregunta quedara en el aire la información llegó a mi cerebro e hizo conexión:




Efectivamente señores. Nosotros casi a punto de ser abandonados en mitad del monte a nuestra suerte con el Yeti correteando por los alrededores y aquí nuestra compañera preocupada por su pijama. Por supuesto, cuando nos explicó que era de Hello Kitty y con tela de esa que es muy calentita, todos comprendimos su grado de preocupación, así que de  manera recurrente venía a nuestras mentes la imagen de una cadena humana agarrada a un árbol un extremo y la otra hurgando con un palito en la cerradura del capó para abrirlo y poder recuperar la maleta con el pijama. El resto ya nos apañaríamos con lo puesto.

Y hasta aquí la parte dos de esta, nuestra aventura por Tierras Burgalesas.



Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...