Madre mía todo lo que ha pasado desde que no doy señales de vida por aquí...
Ha pasado todo el verano. Con sus vacaciones, sus días libres, sus excursiones a la playa, al monte, a la piscina...
No, en realidad no.
Hemos pintado. Repintado. Lijado (necesitamos nuestra dosis). Vuelto a pintar e indagado e imaginado maneras de pintar los bordes de la pared con el techo. Tras poner cinta de carrocero y ver que no funcionaba lo intentamos con papel, con un cartón, con una plancha de madera, con un rodillo pequeño, con un pincel minúsculo... y nada, las pedazo de kflañweñrewuas no terminaban de quedar bien, así que en estos momentos vivimos un período de convivencia tolerada. Sabemos que están allí (manchurrones en blanco y gris que invaden la zona del otro color). Los vemos. Nos ven. Los veis.
En la imagen podemos apreciar como el color del techo invade sin compasión la pared. Y aunque, como se puede intuir a la izquierda, vemos que había cinta de carrocero pegada en el techo, le ha importado un pepino.
Aunque he de aclarar un punto. No somos tan inútiles como pueda parecer. De verdad que habíamos puesto la cinta con todo el cuidado del mundo. Pero tras terminar de pintar ha quedado patente que las paredes no están rectas del todo, así que eso complica un poco lo de hacer líneas rectas. Pero como he mencionado previamente, no nos olvidamos, y ya estamos ideando nuevas maneras de disimular esas malditas faltas.
¿Qué más? ¡Ah, si! Nos habemus lux:
Aclarar algo. La foto es panorámica y por eso parece que la pared del fondo está doblada. Las irregularidades de nuestras paredes no llegan a ese punto.
Ante esta imagen no puedo evitar que en mi mente suene música celestial. Pero con coros y arpas y de todo, ¿eh? A día de hoy la cosa está algo más avanzada. Ya hasta tenemos algún interruptor y todo... ¡a lo locooooo! Y bueno, este fin de semana hemos ido armados con el Rainbow secuestrado de la casa de mis progenitores y le hemos dado pero bien al suelo y a las rendijas. Los vecinos nos aman con locura. Lo se. Toda la tarde de un domingo con la aspiradora funcionando crea unos vínculos afectivos difícilmente quebrantables. Pero, a estas alturas de la obra, el fin justifica los medios, y todo lo que suponga un avance para terminar, es bienvenido.
De hecho, hasta hemos contado con ayuda externa con la bendición de nuestro superhéroe, el cual, por cierto, ya tiene hasta su propio avatar:
¡Con antifaz y todo! Le falta una capa de mugre, pero para la foto siempre nos ponemos guapos, ¿no? Predigo que en breves tendrá su propio cómic y poco después su serie de dibujos.
Como decía, nuestro periplo se ha alargado tanto que hasta hemos logrado que haya gente que empatice a tal nivel con nuestra andadura que sufren cuando nosotros sufrimos, se alegran cuando nosotros nos alegramos, y se mueren de ganas porque terminemos, al igual que nosotros. De hecho, aprovechando mi ausencia durante una semana me ha buscado sustituto y ha roto el dúo indestructible de Lija-Man y Mugrosi, por el de Epi y Blas Enterprises. El voluntario para venir a formar parte del nuevo equipo ha presentado unos antecedentes más que notables de que iba a saber desenvolverse con soltura entre restos de escombros y botes de pintura.
En la imagen podemos ver cómo el equipo de Epi y Blas Enterprises lidian con el dobrel techo de pladur para realizar firmes incisiones circulares en las que depositar posteriormente los focos que alumbrarán dicho espacio. Vamos, que taladro en mano estaban agujereando el techo.
Así que yo me he pirado una semana de vacaciones con el sano propósito de recuperar mis niveles de vitamina D. Por pura necesidad. Absolutamente terapéutico. Por supuesto para que mi salud adquiriese niveles óptimos, mi compi de viaje y yo decidimos que Islas Canarias era un destino más que apropiado. Concretamente Tenerife.
Una semana en la playa, en la piscina, en la montaña, dentro de un túnel volcánico, en un paseo en barco para ver delfines, de compras (de estas no muchas que desde que soy tan miserable que le debo pasta al banco debo mirar tres veces antes de soltar los txines XDD), en el parque acuático, en el zoo... , ha logrado que mi estado de salud, tanto físico como mental, esté dispuesto a afrontar lo que se aproxima: la vuelta a la rutina en el curro y un inminente fin de obra. Porque si, señoras y señores. Las grandes parrafadas contando las miserias que nos han ido aconteciendo parece que llegan a su fin.
Al menos eso espero.
De hecho, hasta hemos contado con ayuda externa con la bendición de nuestro superhéroe, el cual, por cierto, ya tiene hasta su propio avatar:
Lija-Man
¡Con antifaz y todo! Le falta una capa de mugre, pero para la foto siempre nos ponemos guapos, ¿no? Predigo que en breves tendrá su propio cómic y poco después su serie de dibujos.
Como decía, nuestro periplo se ha alargado tanto que hasta hemos logrado que haya gente que empatice a tal nivel con nuestra andadura que sufren cuando nosotros sufrimos, se alegran cuando nosotros nos alegramos, y se mueren de ganas porque terminemos, al igual que nosotros. De hecho, aprovechando mi ausencia durante una semana me ha buscado sustituto y ha roto el dúo indestructible de Lija-Man y Mugrosi, por el de Epi y Blas Enterprises. El voluntario para venir a formar parte del nuevo equipo ha presentado unos antecedentes más que notables de que iba a saber desenvolverse con soltura entre restos de escombros y botes de pintura.
En la imagen podemos ver cómo el equipo de Epi y Blas Enterprises lidian con el dobrel techo de pladur para realizar firmes incisiones circulares en las que depositar posteriormente los focos que alumbrarán dicho espacio. Vamos, que taladro en mano estaban agujereando el techo.
Así que yo me he pirado una semana de vacaciones con el sano propósito de recuperar mis niveles de vitamina D. Por pura necesidad. Absolutamente terapéutico. Por supuesto para que mi salud adquiriese niveles óptimos, mi compi de viaje y yo decidimos que Islas Canarias era un destino más que apropiado. Concretamente Tenerife.
Una semana en la playa, en la piscina, en la montaña, dentro de un túnel volcánico, en un paseo en barco para ver delfines, de compras (de estas no muchas que desde que soy tan miserable que le debo pasta al banco debo mirar tres veces antes de soltar los txines XDD), en el parque acuático, en el zoo... , ha logrado que mi estado de salud, tanto físico como mental, esté dispuesto a afrontar lo que se aproxima: la vuelta a la rutina en el curro y un inminente fin de obra. Porque si, señoras y señores. Las grandes parrafadas contando las miserias que nos han ido aconteciendo parece que llegan a su fin.
Al menos eso espero.


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