jueves, 21 de enero de 2016

Una de esas mañanas...

A finales del año pasado decidí que las horas de sueño estás sobrevaloradas y que tenía que apuntarme a algo para remediar esa situación, así que me puse manos a la obra. Busqué, rebusqué y se me ocurrió que hacer un postgrado por la UNED pondría solución a ese problema.

Una vez decidido el postgrado a realizar ya solo quedaba formalizar la matrícula. En principio no pedían gran cosa. Una fotocopia del dni, una del resguardo del importe de la matrícula y una copia compulsada del título universitario. 

Ahí está la madre del cordero. La razón por la que al final me he animado a describir en esta entrada lo que aconteció en aquella soleada mañana de diciembre... y comienza así.

La fecha límite de la matrícula se acercaba. Y para variar yo iba apurando al máximo para darle más emoción a la cosa. Tenía todo más o menos preparado. Una fotocopia del dni; lista. El resguardo del banco; listo (gracias internet por existir y facilitarnos la vida en temas de pagos varios). Título de la uni: pendiente de ser compulsado.

La información de la que yo disponía hasta esa fecha consistía en que cuando tienes que compulsar un título universitario puedes ir a Correos con el original y con una fotocopia y allí, con gran alegría te ponen un sellito y... ¡listo! Ya tienes tu título compulsado. Con esa intención llegué esa mañana a trabajar. En mi descanso iría a realizar esa gestión y listo, de la misma enviaría toda la documentación. 

¡Jaaaaaaaa! ¡Jaaaa, jaaaaa! ¿Cuando algo iba a resultarme tan sencillo? ¡Animalico...! ¡Si tienes una saga de veinti pico capítulos de obras en casa! ¿Acaso el sentido común no te ha avisado de que esto también se complicaría? Pues no. Mi optimismo inquebrantable me acompañana una vez más y durante escasos minutos pensé que todo podría solucionarse facilmente.

Una compañera de trabajo me indicó que esas gestiones ya no es posible hacerlas en Correos, porque ya no es un organismo que dependa directamente del Estado... o algo así. El caso es que su opinión me resultó 100% fiable puesto que ella había trabajado en Correos. Así que me decanté por la siguiente opción. En mi ayuntamiento podrían poner fácil solución a mi escollo. Ni corta ni perezosa me hice no solo con el número de mi ayuntamiento si no además con el de la oficina de distrito más cercana a mi casa (Si, ya comienzo a llamar "Mi caaaaasa" al Escorial) y allí realicé la consulta, primero en el ayuntamiento, donde para mi sorpresa me dijeron que allí esas cosas no se hacían. "No importa" pensé, "aún me queda el as de la oficina del distrito en la manga. Allí tienen menos carga de trabajo y seguro que no se deshacen de mí tan rápidamente". Porque a decir verdad, la señorita que tuvo a bien cogerme el teléfono en el ayuntamiente, con su respuesta me dió a entender que si le hubiera preguntado por el tiempo que hacía en la luna más lejana de Marte (que para información general se llama Deimos. Información cortesía de Wikipedia XDD) le hubiera resultado igual de extraño. Según ella, esas cosas ahí no se hacían...

Siguiente paso: llamo a la oficina de distrito. Mis sospechas se confirmaron. El trato mejoró ostensiblemente, pero la solución fue la misma: siga jugando.

Soy una persona que le echo imaginación a las cosas, así que se me ocurrió que llamar a la uni donde había hecho la carrera podría ser una opción más que válida. ¿¡Cómo es posible que no se me hubiera ocurrido antes?! ¡Qué tonta! ¡Si está aquí al lado! Pero, visto el excaso éxito cosechado en intentos previos, antes de desplazarme hasta allí juzgué que no estaría de más hacer una llamadita de teléfono. Total... ya puestos en canción.... Ni corta ni perezosa realicé la llamada y cual no sería mi respuesta al recibir de nuevo una respuesta negativa. Al ser una universidad privada no tenían sello de compulsa. Pero lo mejor de todo fue escuchar que aunque ellos no podían, podría ir al ayuntamiento donde me harían la gestión de mis amores. Una carcajada histérica salió de mi boca. 

-Señorita- dije.- He llamado al ayuntamiento esta misma mañana y me han dicho que ellos esas cosas no hacen allí.
A lo que la señorita me respondió muy pizpireta - Ay, pues no sé. Será que quien te ha cogido no sabía muy bien la normativa...
-He llamado a la oficina de distrito y me han dado la misma respuesta - Respondí muy ufana. Había hecho mis deberes y poseía toda la información. No se iba a librar de mí tan facilmente... - así que entiendo que este trámite no se puede realizar de ese modo. ¿Alguna otra sugerencia? 
- Mmmm, pues no sé, prueba en la policía municipal, igual ellos te pueden echar una mano, si no... - y ahí pude ratificar que una universidad privada siempre barre para casa y me propuso - si no... puedes ir a un notario.
Al oir la palabra notario un escalofrío recorrió mi espalda. Mi única interacción con uno de esos había tenido lugar hacía un par de años y fue realmente impactante. A continuación dejo el enlace que describe ese hecho. Solo hay que pinchar en NOTARIOOOOO (con voz tenebrosa y de ultratumba, por cierto).

No estaba todo perdido. Soy persona de recursos. Aún me quedaba una opción. Llamar a una de las facultades de la universidad pública que hay cerca de mi trabajo. 
Una vez más, ahí estaba yo teléfono en oreja esperando a ver qué nueva aventura me esperaba ahora. La amable señorita que me cogió tuvo el detalle de explicarme que gustosamente podrían compulsar mi título, pero, (siempre hay un pero) que tendría que ser en el campus universitario que está en A Mata por Saco de Arriba Muy Arriba. Mi gozo en un pozo. Por unos instantes había escuchado voces celestiales del coro de angelitos luminosos con arpas que se me habían aparecido en una de las oscuras crujías donde tenemos las taquillas en el trabajo. Queda muy feo que la bibliotecaria se dedique a hablar por teléfono en la misma  biblioteca donde ella misma se dedica a perseguir usuarios que lo intentan.

Ya no tenía nada que perder. Se me acababan las opciones. Mi baraja de ases en la manga llegaban a su fin. Había gastado todas las vidas y me tocaba enfrentarme al monstruo del final de la pantalla así, con lo puesto. Ni super arma de ataque fulminante, ni escudo invisible, irrompible e irascible. Nada. 

Así que... ¿quién recibió mi siguiente llamada? ¡Siiiii, señores! La policía municipal de la villa. La voz de estupor de la chica a la que le tocó en suerte atenderme lo decía todo. La verdad es que a mi misma me entraba la risa, porque la situación era bastante surrealista. Eso si, le puso todas las ganas del mundo. Hasta preguntó entre sus compañeros y todo para asegurarse de que no se podría hacer y me preguntó de qué era el título por si acaso era algo ultra mega especial que debería ser compulsado por el cuerpo de la ley y el orden villano.

Pues finalmente me rendí a la evidencia. Nadie podría compulsarme mi título a lo gratis. Me tocaba soltar los txines y sudores fríos me entraban de pensar la clavada que me iban a pegar... Ya de haber entrado en la dinámica del llama, habla y desespérate recurrí una vez más a mi teléfono y me puse en contacto con el único notario que conocía. (Desde luego a ver si amplío mi circulo social en ese ámbito... que fijo que se invitan a algo, porque con lo que sacan de cada trámite... XDDD)

Una vez más, una amable señorita atendió mi llamada. Le expuse mi consulta y... ¡siiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Estaban dispuestos a compulsar mi título! Tras una mañana de contínuo vapuleo a mi espíritu optimista, esta respuesta casi hizo que se me escapara una lagrimilla de alegría. Había sido un largo camino y por fin  había logrado la respuesta afirmativa. Mi Monte del Destino estaba al otro lado del teléfono. Ahora quedaba saber a cuanto ascendía la minuta: 4 eurencios por hacerme una fotocopia y echarle el autógrafo. Ohhhhh yeah!

P.D. Otro día narro lo que aconteció en la notaría, que tampoco tiene desperdicio.


Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...