domingo, 21 de septiembre de 2014

Si es que al final me lo paso hasta bien

Bueno, pues aquí seguimos. Un domingo cualquiera. Con un sol radiante en la calle... o al menos eso es lo que me han dicho, porque lo que viene a ser mi persona no ha podido disfrutarlo puesto que me toca pringar en mi batcueva particular.

Y ya que estamos aquí, qué menos que aprovechar para contar los últimos avatares acontecidos por estas latitudes en los últimos días. Sin ir más lejos; antes de ayer mismo. Aunque primero, pongamonos en situación. Nuestros puestos de trabajo tienen una delimitación muy precaria. Vamos, que en numerosas ocasiones nos hemos encontrado con alguien que quiere sentarse en nuestro sitio, o incluso que ha llegado a hacerlo. Dudo que sea por la iluminación del lugar, o por la comodidad de las sillas. Doy por hecho que es porque el espacio entre sillas es más amplio y opinan que tienen más sitio para repantingarse (postura oficial de este lugar).

El caso es que en la zona infantil, esa delimitación es aún más pobre, y dado que nosotras nos estamos moviendo de un lado a otro la mayoría del tiempo, nuestros pequeños usuarios van a piñón según ven un ordenador libre. Les da igual que sea el de nuestro puesto de trabajo. De hecho, yo soy muy dada a la ironía, y en alguna ocasión les he preguntado a ver si estaban cómodos, me han respondido como quien espanta una mosca que si, que muy bien. De vez en cuando tienen unas respuestas muy grandes estos visitantes.

Y al hilo de esto venía la entrada de hoy. Una de esas situaciones graciosas que se dan de vez en cuando que hacen más llevadera una tarde infernal de domingo lluvioso, o unas cinco de la tarde día entre semana en época de colegio.

Se me acerca el otro día una de estas pequeñas usuarias a mi puesto. Como resulta bastante invasivo eso de que se te pongan al lado a preguntarte cosas y dedicarse a opinar acerca de las búsquedas que haces en la base de datos, a los adultos les suelo comentar eso mismo, pero a los pequeños les digo que si se quieren quedar a mi lado interpreto que quieren trabajar y que les pongo a ordenar libros. Eso suele ser suficiente para disuadirles de permanecer en dicha ubicación. Pero esta estrategia tuvo un giro argumental inesperado. La susodicha niña se me acerca y me pregunta muy salerosa ella por una película. Antes de disponerme a hacer la búsqueda le hago el comentario pertinente: -Si te pones aquí es porque vienes a trabajar, así que te pongo a ordenar libros, ¿eh?. - Muy pizpireta ella me responde con entusiasmo -¡Ah! ¡Pues vale!.

Así, perpleja realizo la búsqueda en la base de datos y una vez solventado ese problema ella insiste. -¿Ahora me vas a dar algo para ordenar? -. A una bibliotecaria no se le vacila, y menos con el tema del ordenado de libros.

Tenemos una serie de libros que no están en balda, sino en unas cajas de plástico para que los usuarios más pequeños puedan cogerlos sin riesgo de que se le venga una balda encima. Así que ni corta ni perezosa me llevo a mi ocurrente nueva compañera a esa zona y le explico que tiene que ponerme todos los libros de canto de manera que se vea el tejuelo de modo que queden todos ordenados de la misma manera. Previendo que se iba a aburrir a los dos cajones le comento que en caso de que decida no continuar me avise para saber dónde ha dejado de ordenar. Tras la breve explicación vuelvo a mi puesto ante la mirada atónita de sus educadores. Intuyo que la chiquilla no tenía costumbre de acatar las órdenes muy bien y no comprenden por qué no ha protestado ante la encomendación de esa tarea. 

La siguiente hora permenació entretenida ordenando libros, y de vez en cuando me acercaba para ver si se habría cansado y andaba haciendo el mal por lo que yo denomino el Área 51, puesto que nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre en esa zona. 

Cuando llega la hora de marcharse me indica que ha ordenado 13 de las 22 cajas, lo cual está más que bien, porque en mis visitas de supervisión pude comprobar que de vez en cuando hojeaba los libros que estaba ordenando. Y teniendo en cuenta la tendencia a quedarse pegados a los ordenadores que hay, se podría considerar todo un logro.

jueves, 4 de septiembre de 2014

De vuelta por la biblioteca

Las primeras entradas de éste, mi pequeño reducto blogístico en la red, tenían como tema mis experiencias vitales como trabajadora de una biblioteca. La cosa es que, tras dejarlo un tiempo tras aquellas entradas, volví al mismo sitio (y quien haya leído o haya vivido experiencias similares sabe que eso no es cosa de broma...). Y bueno, por supuesto, si en aquellos meses me dieron de sí para una saga, después de llevar aquí más de año  y medio, casi podría hablar de telenovela.

Todos los días hay algún brownie, pero de esos con cocolate que mancha y salpica. Pero bien. Si no es porque cambian algún procedimiento, en detrimento nuestro; por supuesto, es porque algún usuario se pasa de listo y te suelta que "las normas están para romperlas" en tu jeto. Ya sabes, eso de hablar por teléfono en la biblioteca, o merendar... También tenemos nuestros más y nuestros menos con los estudiantes en época de exámenes. Eso de establecer la diferencia entre un aula de estudio y una biblioteca se torna en lucha titánica. Somos 20 en el equipo, y con turnos de 7 u 8 personas y lidiamos con hordas de estudiantes que me río yo del ejército persa y de Jerjes en su cara. Trescientos, trencientos... (<-- lease con voz de pito). ¡Aquí les querría yo ver a los Trescientos esos en una tarde de invierno! Pero de las de lluvia a mares, que por otro lado, en estas latitudes suele ser lo habitual, y no exclusivamente en esa estación de año. 

También tenemos casos de evidente intoxicación etílica ante las que en ocasiones tenemos que reaccionar rauda y velozmente antes de que se líe una parda. Como en la ocasión en la que un usuario quería partirle la cara a otro, y el otro no sabía a cuento de qué. O el día en el que un usuario se desmayó en plena biblioteca. Eso si, el ratón del ordenador ni soñar con soltarlo, que era su sesión.

O los que se quieren llevar parte del fondo de la biblioteca para engrosar la suya propia de su casa. A este respecto podríamos hacer referencia a dos casos en concreto.
Caso A: tarde en la biblioteca. Recogiendo los libros que los usuarios han dejado por ahí tirados encontramos tapas de libros con la radiofrecuencia arrancada. A lo largo de las semanas esa situación se repitió. Y curiosamente, todos los libros eran de informática. A título personal, yo de mangar, cosa que por supuesto ni se me pasaría por la cabeza hacer... XDDD, mangaría libros de cualquier materia menos de informática. Hay que ser cateto para no darse cuenta de que son libracos que abultan un montón y que se quedan obsoletos en cuestión de meses. Como consecuencia, el departamento de compras ha decidido prescindir de la adquisición de fondos de esa temática. Con lo cual tenemos unos maravillosos libros para préstamo acerca de los secretos de Windows 95 de lo más clarificador.
Caso B: las revistas. Son esos elementos con hojas que además, en algunos casos concretos, les crecen alas y vuelan. Para evitar que esto sucediera se optó por ponerles unas radiofrecuencias. Es que meterlas en jaulas no encajaría con la estética del lugar. A partir de ahí empezó nuestro circo particular. Hemos tenido señoras de lo más elegantes intentando mangarse el Cosmo o el Elle, venerables ancianetes intentando llevarse las revistas de deporte o de maquetación, o jóvenes (y no tan jóvenes) bohemios y alternativos intentando llevarse revistas de arte. Con estos últimos empatizo algo más porque son revistas caras de narices y suscribirte a ellas supondría un pastizal.

Pero también tiene sus cosas buenas. Tiene que haberlas, si no, aquí no aguanta ni el Tato. El principal punto positivo de este lugar es el buen rollo que hay entre compañeras. Si, compañeras, porque aunque tenemos a un chico en la plantilla somos mayoría XDD. He currado en diferentes lugares en estos años y eso de que un grupo de tías no termine por convertirse en un akelarre es ciertamente complejo. Las cosas como son. Y como digo, no hablo de oídas. Además del trabajo visible, tenemos nuestra propia jornada laboral paralela. Hemos montado un pequeño mercado de frutos de la tierra (vamos, que la que tiene huerta nos trae excedentes para repartir), también tenemos un mercadillo de trueque (típica ropa que no sabes en qué estabas pensando cuando la compraste que seguro que encaja con el estilo de alguna otra compañera), hasta hemos llegado a tener mascotas e incluso celebrado algún que otro sorteo con cosas misteriosas que han aparecido en el lugar donde nos cambiamos de ropa (que ni por el forro se merece el nombre de vestuario).

También tenemos usuarios majos; ya solo sea por probabilidad. Con toda la gente que entra aquí a lo largo de la semana, tenía que caer alguno majo si o sí. No pedimos gran cosa para que un usario entre a formar parte de la lista de los "majos". Con que salude y de las gracias  ya es suficiente. Así de simples son los requisitos para entrar en el club. En los últimos tiempos tenemos a uno que se está ganando nuestros corazones a marchas forzadas porque nos ordena parte del fondo de manera gratuíta y sin pedírselo. Estamos barajando la posibilidad de comprarle una caja de bombones.

Cambiando de tercio, además de las labores dentro de la biblioteca, también nos toca perseguir a la gente más allá de las fronteras que delimitan este lugar. ¿Cómo hacemos eso? Muy fácil. Vía telefónica. A título personal, me resulta divertidísimo eso de llamar a la gente para reclamarle documentos que tenía que haber devuelto hace varios días. Eso de montar pollos es lo mío XDD. Ayer, sin ir más lejos llamé a una usuaria que tenía 3 libros que debía haber devuelto hacía un mes. Primeramente me cogió su madre el teléfono, y en el momento en el que vió que era para reclamarle los libros me pasó con la aludida. Ella, avergonzada me prometió que los traería hoy a más tardar y que lo sentía muchíiiiiiiisimo. Al despedirse me mandó un besito.

Esa usuaria no solo se ha ganado un puesto en el club de "majos". Se ha ganado un sitio en mi corazón XDDDD.

Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...