jueves, 5 de marzo de 2020

Lunes libre o cómo un señor policía me intentó enseñar altas finanzas. Segunda parte.

Y decíamos ayer...

¡que me habían dejado sin tarjeta! ¡a mi! ¡que no llevo nunca efectivo ni para comprar un chicle!

En ese momento comprendí por qué mi aita se había puesto en comunicación de manera tan urgente y alarmista. Yo, que estaba repantingada en el sofá viendo la tele tras una ardua semana de curro me alcé cual Suricato Ernesto (vean por favor el documental al que lleva el enlace para ver una auténtica historia de superación).

Así mismo se me pusieron los ojos
Y nos plantamos en el lunes:

Paso número 1: Cuando te roban pasta de la tarjeta lo primero que debes hacer es ir al banco a que te hagan un extracto de la cuenta en la que aparezcan los importes que se desean rechazar.

Allá que me voy en mi primer día libre a contarle mi vida a la del banco, previa cola de 20 minutazos, la cual, muy eficientemente me da una copia del extracto.

Paso número 2: debes ir a poner una denuncia con ese documento para que quede constancia del robo.

Me encamino hacia los señores policías municipales que están al final de la calle y me indican que allí esas gestiones no se hacen... y me mandan a la otra punta de la noble y leal villa a una central a la que para llegar tendría que hacer 18 transbordos de autobús, tren, metro y tranvía. Qué alegría oye, ¿alguna facilidad más? De nuevo, Ironía Modo On. Pero bueno, quien algo quiere algo le cuesta, así que decido ir a donde la Ertzaintza que está al final de otra calle. Pillo bus al vuelo. Venga... parece que algo sale bien.

El lunes fue un día de esos raros en los que lo mismo caen chuzos de punta, que cinco minutos después sale un sol radiante. Bien, pues en uno de esos momentos en los que el sol brillaba intento quitarme la chaqueta que llevaba cerrada hasta las orejas, porque los cinco minutos anteriores había llovido como si no hubiera un mañana. Me quedo con el tirador de la cremallera en la mano. (Adjunto documentación gráfica para que no queden dudas de qué  hablo en todo momento).

Mi cremallera, que no podía ser normal tenía un puente especial, el cual, si no tenía un tope que presionara en la parte de abajo, impedía que la susodicha se moviese del sitio. Así que allí estoy yo, en pleno momento de solazo, tras recorrerme la ciudad, a todo sudar y peleándome como una tarada con el cuerpo de la cremallera que no se quiere mover del sitio.

Como soy una persona muy resolutiva, nada más entrar en la comisaría y exponerle mi caso a la persona que allí estaba solicité, por caridad humana,  ya que estaba al borde del colapso por asfixia un clip. ¡Magia potagia! El cuerpo vuelve a deslizarse con la elegancia de una patinadora sobre hielo y yo vuelvo a recuperar mi color normal gracias al reequilibrado de la temperatura corporal.

Bien, de vuelta en la comisaría, tras una breve espera paso a contarle mis penas al señor policía al que le ha tocado en gracia aguantarme.

Yo: Vamos allá. Le expongo la situación, señor agente, unos perversos han intentando financiarse los viajes en Uber a mi costa.  
Señor agente: ¿Ha hecho la suma total del importe?
Y: ... 
S.A.: ¿Sabemos la suma total del importe?
Y: No, pero no se preocupe. ¡Mi móvil tiene calculadora! Eso si, no garantizo que me de el mismo resultado las veces que repita la operación.

Y acto seguido me pongo manos a la obra. Para el resto del mundo podría ser una operación de lo más sencilla. Para mi no; los importes que había que sumar eran los que estaban en negativo y mi cerebro cortocircuitaba cada vez que intentaba sumar lo que tenía un símbolo de resta delante de la cantidad.

Y: Que sepas que yo en parbulitos ya era de letras y que ésto que estoy haciendo para mí son altas finanzas.
S.A.: No te preocupes, yo también haré el cómputo de las cantidades.

Tres veces hice la suma. Tres.

Tres resultados diferentes obtuve. Tres.

Finalmente, tras un acuerdo tácito nos decantamos por la cifra que más se aproximaba ¡al precio justo! 

Firmé todos los papeles del mundo. Ofrecí a mi primogénito en sacrificio. Doné mis córneas a la ciencia y me afilié a una secta vegana. Estoy segura de que todo eso estaba entre todo el papelerío que me tocó firmar. ¡Qué manera de soltar autógrafos, por Odin!

Paso número 3: vuelves al banco y presentas los papeles pertinentes a la persona pertinente. 

Volví al banco. Volví a esperar la cola. La amable y eficiente empleada me derivó a donde una de sus compañeras.

Tras gestiones varias la nueva profesional de la banca me indica que todas estas gestiones han servido para que los encargados de la seguridad de las tarjetas se pongan manos a la obra para investigar qué ha acontecido y cómo han accedido a una cuenta. Que por parte del banco ya estaba todo hecho y que a esperar toca. De 15 días a 4 meses. Siendo recomendable que de vez en cuando me ponga yo en contacto con ellos motu proprio para que no se olviden de caso.

¿Y qué aprendemos con todo ésto, niños? Que el dinero, mejor debajo del colchón, que te quitas de líos y sabes en todo momento lo que tienes y dónde está. Porque, sinceramente, lo que más rabia me da del tema no es que me hayan robado la pasta. Que si. Si no el hecho de que me la robe alguien que está de asueto mientras yo estoy a tope de pringando en el curro.

Y esta es la historia de cómo lo que se vaticinaba como un lunes de paz y sosiego tras una larga semana de 8 días trabajados se convirtió en un compendio de ires y venires cruzando la ciudad.


miércoles, 4 de marzo de 2020

Lunes libre o cómo un señor policía me intentó enseñar altas finanzas. Primera parte.

Trabajo los fines de semana.

No sé si es un detalle que he comentado con anterioridad, pero desde  hace un año y pico he retomado mis turnos de fines de semana en la biblio. No es que me encante, pero bueno, siempre puede ser peor, además, los domingos a las 14:00 se chapa el chiringuito y cada mochuelo a su olivo (¿de dónde vendrá esa preferencia de las aves rapaces por dejar a sus pequeñuelos en los olivos...?). 

Bueno, que me desvío del tema.

El caso es que dado que curro los fines de semana compensamos esa afrenta con días libres entre semana. Uno de esos ha sido este mismo lunes. 

Pero remontémonos un poco más atrás en el tiempo.

Hace unas semanas una compañera me pidió que le cambiara por favor el turno de un domingo. Dado que no es sencillo encontrar gente compatible me pareció buena idea (y ojo, me lo sigue pareciendo) y le cambié el domingo que ella quería libre por otro. El caso es que se ha dado la situación de que ha coincidido que con la tontería me he comido dos domingo seguidos de curro, con la semana entera que va en medio.

Una semanita te trabajo de 8 días. Bueno, siempre puede ser peor.

Ya en el pasado más reciente (aún no es el lunes del título, pero casi). Sábado: a eso de las 9 recibo una llamada que al tener el móvil en silencio no oigo. Minutos después llama mi aita: "Oye, que me acaban de llamar del banco, que llames a éste número que pasa algo con la seguridad de no sé qué". Mi aita reenviando mensajes no tiene precio; te saca de dudas a la primera y todo sin ninguna clase de alarmismo ni exaltación... Ironía modo ON.

Procedo a llamar al número, y la señorita de la grabación me informa de que todos los procedimientos legales están cubiertos con el tema de mi protección de datos (para lo que tarda cosa de tres o cuatro minutos, pero claro, con el banco hemos topado) y luego me indica que me mantenga a la espera que en breves me pasa con un operador... mientras tanto la musiquita sonando.... y me repite que en breves me pasa con un operador... y la musiquita de nuevo... y reincide en su afirmación de que en breves me pasa con un operador... y la musiquita... ¿Es cosa mía o las musiquitas esas que te ponen solo sirven para crisparte los nervios de lo mal que suenan? No me creo yo que esa gente que es capar de abrirte un plan de pensiones por teléfono no te pueda poner una cancioncilla con algo más de calidad, que parece que procede de un gramófono oxidado que han sacado de una cripta medieval (porque todos sabemos que el medievo eran muy de gramófonos), hombre...

Tras un cuarto de hora en ese bucle infernal cuelgo... para llamar de nuevo... 

Otra vez la amable señorita con los permisos legales y su musiquita... todo esto mientras desayunaba, me lavaba los dientes... ya al final se te pega el temazo y vas tarareando a coro...

Lo pospongo por el momento con la intención de llamar más tarde y me voy a trabajar. Sábado: 9 horitas de nada, de 11:00 a 21:00. Todo diversión y entretenimiento. Tanto que ni me acuerdo de llamar en todo el día.

Llega el domingo y cual día de la marmota, porque el anterior también había estado en el mismo puesto, llevo a cabo las tareas pertinentes. 10:00 apertura, aunque nosotros llevamos desde las 9:00 poniendo todo a punto. 14:00 abandonen las instalaciones, por favorrrrr que me quiero ir a mi casa a comer.

Domingo por la tarde mientras vegeto en el sofá: "oye, que no he llamado al banco a ver qué quieren con tanta misteriosidad..." Vamos allá: de nuevo la señorita y su parrafada pero, a diferencia del día anterior, hoy si va en serio que me pasa con un operador.

"Buenas tardes señor operador, me han llamado ayer pero no me han cogido y quería saber cual es la razón por la cual mi señor progenitor me ha llamado con gran inquietud urgiéndome a ponerme en contacto con ustedes."

"¡Ah, si! Te hemos llamado y como no nos has cogido, te hemos dejado recado" 

Mi cara al ver que repetía lo que yo misma le acaba de comentar

"¿Y bien? ¿Tengo que adivinar de qué se trata o te gustaría compartir esa información conmigo que soy la aludida?" No, en serio, eso fue lo que pasó por mi cabeza, en la realidad me limité a preguntar "¿Y bien?"
Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bue-no.

Así a modo de resumen: mi tarjeta de crédito había sido utilizada de manera fraudulenta y me informaban de que me la habían bloqueado. Parece ser que algún iluminado había hecho el intento de hacerme un cargo desde Uber Nueva Zelanda y cinco minutos después desde Uber Nueva York. 

Se ve que, como en los registros del banco no les aparecen ni el jet privado ni el Stargate en propiedad, consideraron que algo raro sucedía y procedieron a bloquearme la tarjeta para evitar nuevos cargos. Aún así, un viajecito en Uber ya me lo pasaron por caja, así que el señor operador me indicó muy amablemente el procedimiento a seguir para solucionar ese problema.

Y como me está quedando muy tocha la explicación, procedo a dividirla en dos partes y ahí dejo el desenlace en la segunda entrega. ¡Chan chan chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!

Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...