viernes, 15 de julio de 2016

Las Obras de mi Pequeño Escorial Cap. XIX

Si. Ya lo sé. Que no tengo vergüenza. Que a ver como tengo la cara dura de volver a pasarme por aquí despues de meses desaparecida... Pero claro, lo de residir en una villa y ser una villana es algo que consume mucho tiempo. Tantas recepciones e invitaciones a actos oficiales es lo que tiene; que tu agenda se llena de actividades ineludibles... No. Mentira todo. Soy una zángana y no hay excusa.

Pero bueno, aquí estoy de nuevo con muchas y grandes aventuras que narrar... o bueno, alguna que otra. Como ya he comentado en ocasiones anteriores escribir esto me ahorra la pasta de ir a terapia al psicólogo XDDD.

En esta ocasión voy a narrar El Periplo de la Encimera (así con voz cavernosa de los 60-70 cuando anunciaban una serie). Llevamos a vueltas con el granito de la encimera meses. Vamos, en la línea de todo lo demás. Que si elegimos éste, que si el otro nos gusta más, que si pedimos presupuesto aquí, allá, acullá... No terminábamos de arrancarnos por bulerías. Básicamente porque la mierda encimera costaba una pasta, y aunque aún conservo mis dos riñoncitos además de mis córneas, pues oye, les tengo cariño y aún no estaba dispuesta a ofrecerlos en el mercado negro. Y muchos se preguntarán, ¿tan necesaria es una encimera...? Bueno... la verdad es que soy una exquisita y además me apetecía poner el fregadero y la placa de inducción... que llevan en casa un año esperando a ser ubicadas en su sitio correspondiente. Porque si, sin encimera todos esos aderezos superfluos no pueden ser colocados.

El caso es que aún con esa carencia tengo la mala costumbre de comer todos los días... ya sabes, una nueva excentricidad de esas que me caracterizan, y bueno, aunque tengamos un dominio absoluto sobre el microondas y el horno, nos hemos hecho con una plancha para poder preparar (siempre de manera precaria, no nos olvidemos) unos filetes, o unas verduras o incluso hasta merluza todo muy a la plancha XDD. Que esbeltos deberíamos estar, ¿eh? XDD

Hasta hace nada teníamos unos maravillosos tablones a modo de encimera, pero como nos han venido a tomar medidas para presupuestarnos (otra vez) otra empresa más en estos días, pues los tenemos retirados. 

Un par de noches después a la hora de la cena: 

Z - ¿Oye, qué cenamos?
R - Psss ni idea, ¿qué tenemos por ahí guardado?
Z - Una pizza congelada con una pinta muy rara...
R - Obraré mi magia. ¿Qué más tenemos por ahí? 
Z - Un tomante... un poco de brócoli... ¿y un poquito de quesito? :D
R - Sea

Nos ponemos manos a la obra; es decir, sacar los ingredientes y encender el horno. Y a la hora de hacer la mezcla especial... un brócoli disidente decide que se pira a conocer mundo. Más concretamente el mundo que hay entre el hueco del mueble de la cocina y la pared.

Momento de silencio donde nos miramos fijamente y telepáticamente decidimos: ¿dejamos ese brócoli ahí para los restos, tu no has visto nada y yo tampoco o nos inventamos algo aunque tengamos un hambre voraz e intentamos rescatar a BrocoPolo (por lo de brócoli y Marco Polo, porque Marco Polo era muy viajero y tal... es gracioso el nombre, ¿no? Me lo acabo de inventar, yo solita, así, sobre la marcha... ¡Qué pasa! ¡A mi me gusta! ¡Mucho! ¬¬)? Aunque la primera opción nos seducía de manera especial, decidimos que no podíamos dejar al pobre BrocoPolo abandonado a su suerte.

Primeramente supusimos que estaría en el suelo, con lo que recuperarlo no podría suponer gran complicación.... ¡Meeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeck! Falso, el cab*** de BrocoPolo se había quedado atascado sobre un saliente del mueble que no teníamos ni  idea de que existiera, con lo que su único modo de rescate era a través del lugar porque el había decidido empezar su viaje, es decir, el hueco entre el mueble y la pared.

Quizá carezcamos de algunas cosas, pero de imaginación e inventiva vamos sobrados, así que nos dedicamos a planear el salvamento, que básicamente consistía en buscar un palo o similar con el que llegar hasta el exiliado.

A continuación varias imágenes del emocionante rescate:


 

En las imágenes podemos apreciar varios de los momentos más espectaculares de la recuperación de nuestro amigo BrocoPolo. Tras varios intentos y un despliegue de medios sin par sin reparar en gastos, logramos salvarle de su cautiverio en el hueco del armario.

El valiente BrocoPolo tras ser rescatado por el Cuerpo de Salvamento del Escorial.




Informamos de que la operación trascurrió sin grandes complicaciones, de una manera más o menos rápida y eficaz. El sujeto no mostraba lesiones de gravedad aunque si numerosas magulladuras por todo el cuerpo. No obstante, como muestra la imagen, podemos ver que fue capaz de mostrar, para los medios una gran sonrisa triunfal a la vez que agradecida para con sus salvadores. A día de hoy BrocoPolo sigue viajando, no tenemos claro si dentro de una bolsa de la basura o fuera de ella, como habéis podido comprobar es un rebelde convencido. Seguimos a la espera de nuevos informes de su periplo viajero.

A continuación mostramos el destino menos afortunado de sus hermanitos de bolsa:



En la imagen, además de presentar a los hermanos de BrocoPolo también podemos apreciar la presencia de El Señor Patatín: una patata que no se resignó a su sino. El cual nos ha acompañado desde hace largo tiempo y ahora reside al lado de una maceta en la terraza. Todo un personaje, sin duda. Pido encarecidamente que se fijen en el tocado de boda que porta en su melena tuberculosa.

Para finalizar, me gustaría comentar que la cena resultó deliciosa y que aunque seguimos sin tener la encimera puesta, ya está hecha y a la espera de ser colocada.

En el próximo episodio... :¿Por qué no está puesta la encimera si ya está hecha? Chán, chán, cháaaaaaan.


  

miércoles, 20 de abril de 2016

En el Pequeño Escoriaaaaal

Bueno, bueno, bueno...

Parece que hace una temporadita que no nos pasamos por aquí, ¿eh? Claro, claro, como no hay miserias de algún gremio por contar...

Pues bueno, igual de algún gremio que otro si que tenemos alguna liada pendiente, pero ya nos lo tomamos como algo previsible y predecible (nuestra instalación eléctrica sigue a medio gas, aunque progresa lenta pero adecuadamente).

El caso es que llevamos residiendo de manera habitual en lo que ya ha pasado a llamarse:


MI CAAAAASAAAAAAA


Y bueno, a quien se piense que después de nosecuantos capítulos de terapia gratuita por fin hemos terminado, nada más lejos de la realidad. Aún nos falta:

  • poner la encimera
  • terminar con la instalación eléctrica (enchufes, interruptores y focos entre otras cosas)
  • poner a punto el segundo cuarto de baño
  • terminar de poner el pladur de la entrada (oh, pladur, ¡qué grandes momentos nos aportas!
  • rejuntear la entrada
  • lijar la entrada (siiiiiii, como íbamos a quedarnos sin lijar un poco más)
  • pintar la entrada
  • ...
Y bueno, ahora mismo no se me viene nada más a la cabeza. La verdad es que visto así, en plan lista aun nos queda un montón... Y aún así, ahí estamos viviendo. Como campeones y sin quejarnos. Ya hasta nos permitimos salir de vez en cuando algún fin de semana o así para interelacionarnos con otros seres humanos. Al principio era raro, habíamos olvidado como se comporta la gente en sociedad en sus momentos de ocio, pero poco a poco vamos acostumbrándonos a seguir las conversaciones sin mencionar elementos tóxicos, como pegamentos, barnices o pintura, o peligrosos del orden de taladros, sierras de calar, sierras de no calar, cutters... 

Pues bueno, el objetivo de esta entrada es comentar cómo, sin estar al 100% nos hemos acomodado de una manera sorprendente. Me explico. No tener encimera puede parecer una tontería. Puro elemento estético sin gran utilidad salvo la de dejar cosas encima o ejercer como apoyo para la preparación de los elementos a cocinar... ¡Pues no! Sin encimera no tenemos fregadero, ni placa para cocinar, además de las otras cualidades anteriormente descritas. 

Entonces ¿cómo es posible que llevemos durante meses residiendo en una casa donde no hay placa ni fregadero? ¿Somos monjes tibetanos a los que no les hace falta comer mas que una vez a la semana? Nooooooo. ¿Nos hemos pasado al crudivorismo? Nooooooo. ¿Nos vamos autoinvitando a comer en casas de familiares y amigos? Noooooo ¿Nos dedicamos a ir por las casas saqueando las despensas? Noo... bueno, eso si, un poco :D. En realidad es muy sencillo: tenemos lavavajillas y tenemos una plancha de cocina, además de un maravilloso horno microondas y otro horno sin microondas pero que también funciona que se las pela.

Y... ¿no tenemos nada más? Bueno, nos hemos acostumbrado a una vida de austeridad, pero tampoco sin pasarse. Cama hay, con lo que ya no hace falta que durmamos en el suelo sobre las colchonetas del pladur como en los primeros tiempos. Y tenemos hasta un sitio donde colgar la ropa. ¿Internet? Hay internet y ordenador y tablet y portátiles, además de smart tv, eso si, no tenemos sofá XDD. Pero a cambio tenemos dos maravillosas sillas de la playa y dos estupendísimas y comodísimas sillas de camping. Vamos, ¡que hasta podemos invitar a gente a sentarse y todo! Eso si, vengan de dos en dos XDD.

A continuación documento gráfico:


En las imágenes podemos contemplar un par de asientos verdes pistacho de material resistente a las inclemencias del tiempo y con un diseño ergodinámico y playero. El otro elemento que compone la imagen es un asiento de estilo contemporáneo con una clara ascendencia campestre. En la parte posterior podemos observar que el asiento dispone de un asa para un cómodo transporte. Bueno, pues de esas, dos de cada modelo. Así que, como ya he comentado antes, hasta invitar a gente podemos.

Y por el momento y a grandes rasgos esto es todo por hoy. En próximos episodios describiremos cómo es la convivencia con un correcaminos que solo habla en frecuencias únicamente audibles para los delfines.

Así que nada, vayan pidiendo cita por parejas y no se olviden de traer alimentos que se puedan preparar a la plancha, al microondas o al horno. En cuanto a la bebida sin problemas. Hay nevera de sobra y congelador para los hielos.

jueves, 21 de enero de 2016

Una de esas mañanas...

A finales del año pasado decidí que las horas de sueño estás sobrevaloradas y que tenía que apuntarme a algo para remediar esa situación, así que me puse manos a la obra. Busqué, rebusqué y se me ocurrió que hacer un postgrado por la UNED pondría solución a ese problema.

Una vez decidido el postgrado a realizar ya solo quedaba formalizar la matrícula. En principio no pedían gran cosa. Una fotocopia del dni, una del resguardo del importe de la matrícula y una copia compulsada del título universitario. 

Ahí está la madre del cordero. La razón por la que al final me he animado a describir en esta entrada lo que aconteció en aquella soleada mañana de diciembre... y comienza así.

La fecha límite de la matrícula se acercaba. Y para variar yo iba apurando al máximo para darle más emoción a la cosa. Tenía todo más o menos preparado. Una fotocopia del dni; lista. El resguardo del banco; listo (gracias internet por existir y facilitarnos la vida en temas de pagos varios). Título de la uni: pendiente de ser compulsado.

La información de la que yo disponía hasta esa fecha consistía en que cuando tienes que compulsar un título universitario puedes ir a Correos con el original y con una fotocopia y allí, con gran alegría te ponen un sellito y... ¡listo! Ya tienes tu título compulsado. Con esa intención llegué esa mañana a trabajar. En mi descanso iría a realizar esa gestión y listo, de la misma enviaría toda la documentación. 

¡Jaaaaaaaa! ¡Jaaaa, jaaaaa! ¿Cuando algo iba a resultarme tan sencillo? ¡Animalico...! ¡Si tienes una saga de veinti pico capítulos de obras en casa! ¿Acaso el sentido común no te ha avisado de que esto también se complicaría? Pues no. Mi optimismo inquebrantable me acompañana una vez más y durante escasos minutos pensé que todo podría solucionarse facilmente.

Una compañera de trabajo me indicó que esas gestiones ya no es posible hacerlas en Correos, porque ya no es un organismo que dependa directamente del Estado... o algo así. El caso es que su opinión me resultó 100% fiable puesto que ella había trabajado en Correos. Así que me decanté por la siguiente opción. En mi ayuntamiento podrían poner fácil solución a mi escollo. Ni corta ni perezosa me hice no solo con el número de mi ayuntamiento si no además con el de la oficina de distrito más cercana a mi casa (Si, ya comienzo a llamar "Mi caaaaasa" al Escorial) y allí realicé la consulta, primero en el ayuntamiento, donde para mi sorpresa me dijeron que allí esas cosas no se hacían. "No importa" pensé, "aún me queda el as de la oficina del distrito en la manga. Allí tienen menos carga de trabajo y seguro que no se deshacen de mí tan rápidamente". Porque a decir verdad, la señorita que tuvo a bien cogerme el teléfono en el ayuntamiente, con su respuesta me dió a entender que si le hubiera preguntado por el tiempo que hacía en la luna más lejana de Marte (que para información general se llama Deimos. Información cortesía de Wikipedia XDD) le hubiera resultado igual de extraño. Según ella, esas cosas ahí no se hacían...

Siguiente paso: llamo a la oficina de distrito. Mis sospechas se confirmaron. El trato mejoró ostensiblemente, pero la solución fue la misma: siga jugando.

Soy una persona que le echo imaginación a las cosas, así que se me ocurrió que llamar a la uni donde había hecho la carrera podría ser una opción más que válida. ¿¡Cómo es posible que no se me hubiera ocurrido antes?! ¡Qué tonta! ¡Si está aquí al lado! Pero, visto el excaso éxito cosechado en intentos previos, antes de desplazarme hasta allí juzgué que no estaría de más hacer una llamadita de teléfono. Total... ya puestos en canción.... Ni corta ni perezosa realicé la llamada y cual no sería mi respuesta al recibir de nuevo una respuesta negativa. Al ser una universidad privada no tenían sello de compulsa. Pero lo mejor de todo fue escuchar que aunque ellos no podían, podría ir al ayuntamiento donde me harían la gestión de mis amores. Una carcajada histérica salió de mi boca. 

-Señorita- dije.- He llamado al ayuntamiento esta misma mañana y me han dicho que ellos esas cosas no hacen allí.
A lo que la señorita me respondió muy pizpireta - Ay, pues no sé. Será que quien te ha cogido no sabía muy bien la normativa...
-He llamado a la oficina de distrito y me han dado la misma respuesta - Respondí muy ufana. Había hecho mis deberes y poseía toda la información. No se iba a librar de mí tan facilmente... - así que entiendo que este trámite no se puede realizar de ese modo. ¿Alguna otra sugerencia? 
- Mmmm, pues no sé, prueba en la policía municipal, igual ellos te pueden echar una mano, si no... - y ahí pude ratificar que una universidad privada siempre barre para casa y me propuso - si no... puedes ir a un notario.
Al oir la palabra notario un escalofrío recorrió mi espalda. Mi única interacción con uno de esos había tenido lugar hacía un par de años y fue realmente impactante. A continuación dejo el enlace que describe ese hecho. Solo hay que pinchar en NOTARIOOOOO (con voz tenebrosa y de ultratumba, por cierto).

No estaba todo perdido. Soy persona de recursos. Aún me quedaba una opción. Llamar a una de las facultades de la universidad pública que hay cerca de mi trabajo. 
Una vez más, ahí estaba yo teléfono en oreja esperando a ver qué nueva aventura me esperaba ahora. La amable señorita que me cogió tuvo el detalle de explicarme que gustosamente podrían compulsar mi título, pero, (siempre hay un pero) que tendría que ser en el campus universitario que está en A Mata por Saco de Arriba Muy Arriba. Mi gozo en un pozo. Por unos instantes había escuchado voces celestiales del coro de angelitos luminosos con arpas que se me habían aparecido en una de las oscuras crujías donde tenemos las taquillas en el trabajo. Queda muy feo que la bibliotecaria se dedique a hablar por teléfono en la misma  biblioteca donde ella misma se dedica a perseguir usuarios que lo intentan.

Ya no tenía nada que perder. Se me acababan las opciones. Mi baraja de ases en la manga llegaban a su fin. Había gastado todas las vidas y me tocaba enfrentarme al monstruo del final de la pantalla así, con lo puesto. Ni super arma de ataque fulminante, ni escudo invisible, irrompible e irascible. Nada. 

Así que... ¿quién recibió mi siguiente llamada? ¡Siiiii, señores! La policía municipal de la villa. La voz de estupor de la chica a la que le tocó en suerte atenderme lo decía todo. La verdad es que a mi misma me entraba la risa, porque la situación era bastante surrealista. Eso si, le puso todas las ganas del mundo. Hasta preguntó entre sus compañeros y todo para asegurarse de que no se podría hacer y me preguntó de qué era el título por si acaso era algo ultra mega especial que debería ser compulsado por el cuerpo de la ley y el orden villano.

Pues finalmente me rendí a la evidencia. Nadie podría compulsarme mi título a lo gratis. Me tocaba soltar los txines y sudores fríos me entraban de pensar la clavada que me iban a pegar... Ya de haber entrado en la dinámica del llama, habla y desespérate recurrí una vez más a mi teléfono y me puse en contacto con el único notario que conocía. (Desde luego a ver si amplío mi circulo social en ese ámbito... que fijo que se invitan a algo, porque con lo que sacan de cada trámite... XDDD)

Una vez más, una amable señorita atendió mi llamada. Le expuse mi consulta y... ¡siiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Estaban dispuestos a compulsar mi título! Tras una mañana de contínuo vapuleo a mi espíritu optimista, esta respuesta casi hizo que se me escapara una lagrimilla de alegría. Había sido un largo camino y por fin  había logrado la respuesta afirmativa. Mi Monte del Destino estaba al otro lado del teléfono. Ahora quedaba saber a cuanto ascendía la minuta: 4 eurencios por hacerme una fotocopia y echarle el autógrafo. Ohhhhh yeah!

P.D. Otro día narro lo que aconteció en la notaría, que tampoco tiene desperdicio.


Lililililibreeeee

 9:52 in da morning PCR negativoooooo! Entrada triunfal en la sala con fanfarrias y confetti... bueno, todo eso ha sucedido básicamente en m...