Nuestro cielo, de toda la vida es gris, en todas sus variantes, pero gris: gris humo, gris ceniza, gris difuminado, gris oscuro, gris nublado, gris menudatormentazaque va a caer...
Pero ayer estaba azul. No sabíamos qué era lo que pasaba pero salías a la calle y una claridad inaudita te rodeaba haciendo poner cara de comer limones en el caso de que ubieras dejado las gafas oscuras en casa. Todos o casi todos tenemos de esas gafas. Las utilizamos para un montón de cosas: hacernos los interesantes, esconder las ojeras, dormir en el transporte público sin dar mucho la nota o para mirar a hurtadillas mientras hacemos que miramos para otro lado. Pero ayer, si las llevabas en el bolso, además de darles todos esos usos habituales, servían para que no te dolieran los ojos.
Previsora de mí, yo las llevaba conmigo, así que en cuanto salí a la calle me las puse, y de camino al tren tenía la sensación de que me dejaba en casa algo importante. Comprobé que no llevaba las zapatillas de andar por casa, que la cremallera del pantalón estaba subida y que no llevaba la parte de arriba del pijama. Todo en orden.
Hice el viaje y llegué al destino. Una vez en el destino recogí mis cosas y salí del tren. De nuevo esa sensación me invadía. Algo se me olvidaba. Miré a mi alrededor y todo estaba en orden, no dejaba nada tras de mí.
Había quedado con unos compañeros, así que tranquilamente y paseando fuí hasta donde habíamos propuesto encontrarnos. De nuevo la sensación de olvidarme algo. Iba caminando y a medida que avanzaba esa impresión me acompañaba.
Tras una agradable reunión decidimos cambiar la ubicación y nos fuimos paseando hasta un parque cercano. Allí estuvimos charlando un rato y puesto que yo había quedado posteriormente me marché. Si; ahí seguía esa sensación. Algo se me olvidaba y por mucho que le dijera a mi cabeza "hasta ahora no has echado en falta nada, así que tan importante no será", no había forma de quedarme tranquila.
Tenía un par de recados que hacer, así que nos fuimos juntas, mi sensación de olvido y yo hasta el nuevo punto de encuentro. Mi novio esperaba mi llegada y de ahí fuimos a realizar las tareas que habíamos organizado para esa tarde y después tuvo el detalle de acercarme a casa en coche.
Fue allí, justo delante de mi portal y al bajar del coche cuando por fin me di cuenta de cuál era la razón por la que llevaba todo el día con la sensación de olvido:
No había necesitado llevar paraguas y tenía las dos manos libres.
Con esta última entrada me he sentido totalmente identificada, porque yo he tenido esa misma sensación pero en mi caso: “Uy! Que poco pesa el bolso, Uy! El paraguas!” :P
ResponderEliminarAna-nima, es una de las múltiples variantes: o llevas paraguas grande en la mano o plegable en el bolso ;)
ResponderEliminarEs que si yo llevo paraguas grande de mano siempre tengo la sensación de abandono porque siempre se me olvida :(
ResponderEliminarNo es que se te olvide, es que lo cedes a otra persona para que también lo pueda lucir. Los paraguas no son propiedad, son usufructo XDD
ResponderEliminarQue se lo digan a mi paragüero… que está lleno de usufructos de otra gente jajaja:P
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