Es en esta época en la que me arrepiento de estar metida en mil cosas aparte de las labores obligatorias, veanse: búsqueda de empleo, y si lo encuentras, ir a currar.
Siempre he procurado buscarme labores alternativas a las descritas arriba. Es algo que comencé a hacer desde que estaba en la uni, y a día de hoy mantengo. No es porque sea adicta al trabajo o a cosas raras de esas. Ni mucho menos. Tengo la teoría de que yo de por mi, tengo tendencia a hacer más bien tirando a poco, pero si estoy metida en mil líos, ese poco se transforma en algo, y bueno, siempre queda algún poso de toda esa labor, ¿no? Y bueno, normalmente las actividades con las que he ido ocupando mis ratos han sido el aprendizaje de idiomas.
Es algo útil, que no requiere gran esfuerzo físico, (a menos que te veas en la situación de tener que recurrir a la gesticulación, en ese caso, más vale tener horas de vuelo jugando a las películas con tus amigos), conoces a un montón de gente que bien sea por necesidad, o bien sea por exceso de tiempo libre, también se ha condenado a llegar a horas intempestuosas durante todo el curso a casa, y bueno, queda de lo más resultón en el CV.
Pero claro, todo no podía ser positivo. Tras ese año de cachondeos varios, escaqueos con las redacciones y conversaciones con tus compañeros que raramente tienen lugar en el idioma que se está aprendiendo... llega la hora de examinarse.
¡Y eso es un aburrimiento! Es el momento en el que me arrepiento de haberme matriculado en nada y piendo en si no estaría más feliz y contenta pasando de hacer nada más a parte de dedicarme a rascarme la barriga mientras veo la tele... pero claro, teniendo en cuenta lo que hay ahí... prefiero dedicarme a hacer que aprendo algo. Eso sí, en estos días previos mi frase favorita es "¿Quién me mandaría a mi...?"
El hecho de tener que ponerme a repasar los últimos días me genera un sopor equiparable al de tener que hacer la declaración de la renta por mis medios (sé que conoces mi aversión por los números).
Así que esos días previos al examen me dedico a darle vueltas para atrás y para adelante a las hojas que he ido juntando a lo largo del año. Luego intento encontrar sentido a todas las anotaciones que he hecho en los márgenes, en el libro, en el cuaderno (en caso de que lo haya utilizado), que durante el curso me resultaron de lo más clarificadoras, pero que ahora encuentro que mágicamente se han transformado en jeroglíficos escritos en egipcio arcaico.
Y bueno, el último día ya me dedico a hacer labores de máxima prioridad. Veanse, sacar las pelusas del teclado del ordenador, (¿cómo he podido vivir con ellas hasta hoy?), investigar que encuentro en los cajones de debajo de la cama, tirar papeles que en su momento me resultaron de importancia primordial, pero que hoy solo ocupan espacio, constatar que por muchos papeles que tiro no hay más espacio, comprobar que en las baldas los libros están organizados alfabéticamente, por apellido, cambiarlos a ordenarlos por nombre, cambiarlos a distribuírlos por temática, volver a dejarlos como estaban porque de otra manera no entran en las baldas, reorganizar mi armario, encontrar prendas que desconocía haber adquirido, buscar aquel calcetín extraviado que clamaba por reencontrarse con su compañero, escribir correos electrónicos a gente de la que hace años que no sabes nada, escribir una entrada en un blogg al que hago caso de pascuas a ramos, pero que aunque ayer he escrito algo, hoy hace falta volver a hacerlo...
Cosas de urgencia ineludible, como se puede ver.
En fin, voy a ver si antes de dar el último repaso me leo un par de capítulos de ese libro que tengo aparcado desde hace meses, pero que quiero terminar inaplazablemente hoy y luego ya si eso termino de repasar.
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