Ya llevamos un año seguido residiendo en nuestro Escorial particular. Y no, aún no hemos terminado, pero llega un momento en el que prima más tener donde guarecerse y poder dormir una hora más que gozar de todas las comodidades existentes, como, por ejemplo:
Un sofá.
"Bah, tener sofá" comentarán algunos con tono desdeñoso, eso no es importante... ¡Una mieeeeeeeeeeerda, no es importante! 9 meses hemos estado sentados en unas maravillosas sillas de playa/camping y llega un momento en el que ya no hay dolor. Pero, ¡ay, el día en el que llega el sofá! Aquello era como una fiesta de Año Nuevo, pero sin confeti (que luego hay que recogerlo). Tan solo saber que iba a llegar fue gran motivo de regocijo, pero encima verlo ya montado y en su sitio fue un momento grande grande grande. A continuación documento gráfico:
Por otro lado, el hecho de tener una encimera (siiiii, la famosa encimera que tantos capítulos ha dado de si), también ayuda a dar imagen de avance y prosperidad. En la entrada anterior, que acabo de ver, es de hace medio año (¡tía eres una zángana que lo flipas!) relataba cómo aún estando terminado el diseño de la encimera llevaba en stand by unas semanas. Y ahora, la razón: nuestro vecino de abajo nos había informado de que tenía una humedad en su techo. Como no sabíamos si el origen estaba en nuestra casa o en la terraza habíamos decidido dar de margen un mes más para cerciorarnos de que no íbamos a poner la encimera para luego tener que quitarla bajo riesgo de que se rompiera. Y total, como ya nos habíamos habituado a sobrevivir sin encimera, un mes más no iba a ninguna parte y así nos curábamos de espanto (mentira, de eso no se cura uno nunca, doy fe y eso que no soy notaria... que fallo tan grade, madre mía, ¡qué fallo!).
Con nuestra suerte, casi dábamos por hecho que nos iba a tocar levantar muebles, suelo y rascar hasta tubería para encontrar el problema. Pero por una vez nos libramos del infortunio. Ciertamente, casi era una cuestión de probabilidad... con todos los entuertos que nos ha tocado en gracia desfacer... (nótese ahí ese homenaje al tetracentenario de la publicación del Quijote, ¿eh?), uno más no nos hubiera sorprendido en absoluto. Eso no quiere decir que no hubiéramos jurado todo lo indecible o más. Hay que dejar claro ese punto. Una cosa es resignarse y otra conformarse.
El caso es que cuando nuestro vecino de abajo nos dio carta blanca llamamos a Pablo el del Marmol (os juro por Thor que el marmolista se llamaba Pablo) y en un pis pas; voilà! En la imagen podemos apreciar la quintaesencia del trabajo en marmol negro intenso.
Resultón, ¿eh? He de señalar que primeramente llegó la encimera, y al ser piezas tan grandes la subieron entre Pablo Mármol y sus 4 compinches demás de bajar nuestro más famoso héroe de la lija a echar una mano. ¡Qué minutos de sufrimiento por la escalera! Pero para celebrar su llegada la inauguramos con una cata variada en casa. Se acercaron al horar amiguitos y compañeros y allí, como buenamente pudimos nos acomodamos todos. Eso si, el sofá aún no estaba, así que hubo quien encontró asiento en el suelo XDDD.
Y bueno, a grandes rasgos, éste es un resumen de las últimas novedades en Villa Escorial. Como siempre, aún quedan cosas por hacer, y ha habido alguna otra que se ha hecho pero que no he mencionado, como por ejemplo, que en ocasiones invertimos nuestros fines de semana en alguna tarea de montaje de mobiliario de la tienda del cuadradito azul con el redondel ovalado amarillo dentro.
Y por el momento, esto es todo amigos. A ver si de aquí a la próxima entrada no pasa otro medio año XDD.



No hay comentarios:
Publicar un comentario