miércoles, 20 de marzo de 2013

Anoche vi la tele

Anoche vi la tele.


Puede que esta frase no resulte ninguna novedad para mucha gente, pero para mí si es algo atípico. Tengo tele en casa, por supuesto, pero normalmente la tengo desconectada. No apagada, no. Desenchufada totalmente. De hecho tengo la regleta llena de cacharros electrónicos que tienen su sitio antes que la tele. Y en absoluto es un alarde de pedantería por mi parte.


Recuerdo que hace años esta situación me hubiera resultado impensable. ¿No encender la tele? ¿Estámos locos? Pues bueno, progresivamente fui dejando de utilizarla hasta llegar al punto de que la desconecté y rara es la vez que la enciendo. Supongo que me aburrí de ver una y otra vez los mismos programas repetidos hasta la saciedad, o de ver a gente gritándose los unos a los otros. La gente que grita me pone nerviosa y no me gusta. Si gritas es imposible que escuches.

Pero a lo que iba. Ayer, mientras cenaba, miré por curiosidad la programación y vi que daban una película que no había visto, pero que tenía ganas de ver. Una oportunidad inmejorable. La película empezaba 20 minutos después, así que me daba tiempo a disponer todo. Terminar de cenar, enchufar la tele, localizar el canal..., porque claro, al no utilizarla en tanto tiempo, hasta los canales habían cambiado su ubicación.

Finalmente empieza la película. Y cinco minutos después comprendí porqué dejé de ver la tele. Bueno, otra de las razones de más peso que me llevaron a dejar de hacerlo. Si, señoras y señores, todos sabeis la razón: los anuncios. No llevaba ni 15 minutos y, ¡¿ya interrumpían la emisión?! En su favor podría decir que muy diligentemente, los encargados de la cadena indicaron que la película volvería pocos minutos después, pero aún así me quedé bastante chafada. Ni siquiera me había dado tiempo a engancharme a la película; los buenos no habían tenido oportunidad de demostrar lo buenos que eran,  los malos ni siquiera habían hecho su aparición estelar. ¿Así pretenden mantener a la gente pegada al asiento y sin que indague por otros canales a ver qué dan? Desde luego, si esa es su estrategia... por favor, que cambien de manual de tácticas.

Pero bueno, dado que tenía ganas de ver la película, decidí permanecer fiel a la cadena. (Quizá debería señalar que mi mando a distancia no funciona todo lo bien que debería y que eso también contribuyó a disuadirme de aventurarme a hacer cualquier intento de deserción). Y bueno, lejos de aburrirme con los anuncios, reconozco que me entretuvieron a la vez que me inquietaron. Sobre todo uno, el cual me dejó de lo más intranquila. Los anunciantes de hoy en día no parecen sufrir sonrojo alguno al reconocer que sus alimentos ahora tienen un mayor porcentaje de ese alimento que anuncian... , lo cual te lleva a plantearte qué demonios has estado ingiriendo hasta el momento. Y bueno, para dar un poco más de detalle al anuncio al que me refiero especificaré que era de zumos. Por supuesto lo de la marca me la ahorro, porque no me pagan, aunque sinceramente, tampoco les voy a hacer una gran campaña... Pero bueno, que alegremente anunciaran que su zumo de frutas ahora tenía noseque por ciento más de de fruta a mi me llamó poderosamente la atención y me dejó con una mezcla de sensaciones: entre estupefacción, incredulidad e indignación. Porque una cosa es que nos vendan cualquier cosa, pero que encima tengan la desfachatez de anunciar como algo ultranovedoso que lo que te venden no es lo que anuncian...

Tras esta experiencia yo diría que ver la tele no te atonta. Solo hay que prestar un mínimo de atención a la avalancha de imágenes por segundo que nos meten por los ojos y te das cuenta de que se cachondean de todos en nuestra cara y sin ningún sofoco por su parte.

Mi tele vuelve a estar desenchufada.

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